Leo, leo… ¿qué lees? (VIII)

«Me gustaría saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impre­sas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro apa­rece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posi­bles… y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóti­cos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo».

Y de pronto sintió que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y comen­zó a leer La Historia Interminable.

(Michael Ende, “La Historia Interminable”)

 

¡Ya he vuelto por estos cibernéticos lares!  Y he de decir dos cosas: qué jodido volver y con menuda mala rima empieza este “Leo, leo… ¿qué lees?”. Pero mala, muy mala… 😉

Retomando esto que es gerundio:

“La detective miope” (Rosa Ribas)

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No hay por donde cogerla. No le encuentro el fuste a esta novela. Novela muy breve que sirve de interludio entre una novela anterior y otra posterior más potentes, es algo así como un tentempié, un kitkat, un descansico durante el cual no pienses mucho, no razones ni te canses demasiado. No seré yo quien juzgue si esta novela es o no de género negro (para mí no lo es), pero si así se la considera, a mi juicio, flaco favor le hace al género.

La autora nos presenta  a una detective, Irene, con importantes problemas de visión (la miopía psicosomática que padece va en aumento a pasos agigantados) que tras salir del centro psiquiátrico en el que está internada, decide trabajar de nuevo en “Detectives Marín” y, basándose en la teoría de los seis grados de separación (“«¿Sabes que entre ti y cualquier persona en el mundo hay como mucho seis grados de separación?» ¡Era tan simple y a la vez tan complejo! Noté cómo la idea se abría paso en la masa cerebral traspasándola como una bala), dar con quien asesinó a su marido y a su hija un fatídico 2 de junio. Irene, en su andadura como detective, se encontrará con Una cantante calva, un director de banca que duda del color de su piel, un oculista sin cliente, la princesa de Hawaii y una ordeñadora de arañas, con los que deberá lidiar si quiere finalizar su búsqueda.

No sé, Rosa Ribas, me pareció flojito, flojito. Se conoce que me van los libros con más enjundia, con más chicha e intensidad. Éste en concreto me supo a poco.

 

“Un millón de gotas” (Víctor del Árbol)

Un millón de gotas - Víctor del Árbol

Como ya dije a propósito de otro de sus libros, “La tristeza del Samurái”, este escritor ha sido un gran descubrimiento. Y te doy las gracias, Víctor. Ole tú.

Con este libro me ha pasado como con el otro: me ha enganchado sin igual.

Vuelve a presentarnos un amplio abanico de personajes, cada uno con sus virtudes y defectos, sus miserias y glorias, perfectamente descritos y con un rol muy bien definido.

Muertos, sufrimiento, confabulaciones y luchas por el poder en varios escenarios históricos: desde la España de la posguerra hasta comienzos del siglo XXI pasando por la URSS de los gulags y la Europa del este y sus miserias más absolutas. Mezcla de novela bélica/histórica con alta carga emocional.

“La Matrioshka es un juego de apariencias donde sólo existe una verdad, y en contra de esa apariencia, la verdad y sus reflejos son idénticos, pero eso no significa quebsean la misma cosa. Los ojos creen lo que ven, la primera muñeca. Si se tiene paciencia se accede a la segunda, un poco más pequeña, pero idéntica, y así paulatinamente, tres, cuatro muñecas más van apareciendo. Cuanto más pequeñas, más ocultas y más ciertas. Hasta llegar a la última, apenas del tamaño del dedo índice. Esa miniatura, trabajosamente pintada hasta en el más mínimo detalle para asemejarse a la mayor, es el embrión, la razón única de ese juego de apariencias. Es en ese núcleo donde nace todo, donde el artesano pone todo su empeño y su intención. Y sólo cuando todas están abiertas, alineadas por tamaños, se descubre que lo idéntico es diferente, un mero camino para llegar a ese secreto último.”

Si de ponerle un “pero” se trata, podría apuntar que, de las seiscientas y pico páginas, le sobran unas pocas. En ocasiones encontré demasiadas descripciones de paisajes, situaciones y/o acontecimientos que me resultaron prescindibles, pero que al final entendí que eran necesarias para el global de la historia.

“El pueblo es un eufemismo, Gil, no existe tal cosa. Es pueblo cuando conviene a nuestros intereses, y deja de serlo cuando no lo hace. La demagogia, amigo mío, no es algo que deba despreciarse.”

“Nadie puede imaginar hasta qué punto llega a ser retorcido el ser humano cuando se le otorga el papel de verdugo, qué grado de sadismo y placer encuentra en el martirio de sus víctimas. Su orgullo de poder, su grito salvaje. Yo he descubierto cada partícula de esa enfermedad que convierte a los hombres en monstruos. Pero no me ahorcaron. Salí con vida, si la vida es respirar… Y tú me has encontrado para juzgarme y tratarme con la misericordia hipócrita del vencedor, ¿no es cierto?”

Mientras leía esta novela, una palabra me venía constantemente a la cabeza: INTENSIDAD. No encuentro un adjetivo más idóneo que ese para describir esta obra. Es tan intensa, te mete tantísimo en el argumento y empatizas tanto con los personajes que no te deja indiferente.

“Para el mundo seremos olvido. Una gota entre un millón de gotas, nos fundiremos en esa inmensidad llamada humanidad. Porque eso, ahora lo entiendo, es lo que siempre fuimos. No héroes, no villanos. Sólo hombres y mujeres. Y vivimos. Bien sabe Dios que vivimos donde muchos perecieron.”

Decir Víctor del Árbol es decir bien, es apostar a caballo ganador.

 

“La rubia de ojos negros” (Benjamin Black)

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John Banville o su alter ego, Benjamin Black, es el autor de esta obra y el próximo premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.

No había leído nada de este autor hasta ahora. Sí, efectivamente, hasta que no saltó la noticia de su premio Príncipe de Asturias no supe nada de él.

Y, bueno, no está mal. Muy buena calidad literaria. Breve y para pasar el rato, sin complicarte la vida mentalmente hablando, está más que aceptable.

El autor ambienta la novela en los años cincuenta, donde un detective, Philip Marlowe, en sus horas más bajas, recibe el encargo de Clare Cavendish, una afamada heredera de una importante empresa de perfumes, para que se encargue de buscar a su amante, Nico Peterson, al que se le da por muerto pero al que ella cree haber visto con vida. Philp acepta el caso y como consecuencia, se verá inmerso en líos de faldas, corrupción, tejemanejes familiares que no le harán más que darse cuenta lo lejos que el ser humano está dispuesto a llegar con tal de salvaguardar uno de los bienes más preciados: el dinero.

«Hay pocos autores capaces de escribir con elegancia sobre asesinatos; Benjamin Black es uno de ellos.» (Muriel Dobbin, The Washington Times)

«Un pulso narrativo sin igual en la literatura de detectives… Black ha vuelto a elevar a categoría de clásico una aventura detectivesca.» (Laura Fernández, El Mundo)

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Y, para acabar y si me permite mi público, quería agradecer a dos amigas mías, ¡qué digo amigas…hermanas!, mis hermanas que no son de sangre pero como si lo fueran, sus palabras de ánimo para que continúe con este hobby y las cosas tan positivas que me dicen al leer las cosillas que escribo por aquí. Y como sé que a veces usan mis reseñas para decidir qué libro leer en cada momento, deciros a las dos que espero os sirvan y no os defrauden. Como siempre digo, no me gustan los halagos gratuitos pero siempre agradezco la crítica inteligente y constructiva. Así pues, públicamente deciros: ¡Gracias!

Os como. A las dos.

Leo, leo… ¿qué lees? (VII)

“Con un libro entre manos, sabes que no estás solo” (Joaquín Sabina)

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Siete son las notas musicales, siete los días de la semana, siete bellas artes, siete los colores del arco iris, siete son los mares que nos rodean, siete los pecados capitales y siete vidas tiene un gato.

Y siete son también las reseñas literarias que llevo en mi Susmozadas de mis amores. Aquí va la última antes de mis vacaciones. En septiembre habrá más y, aunque no sé si mejores, por lo menos iguales a las siete primeras, fijo que sí.

 

La huella del pájaro (Max Bentow)

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Libro que bien podría pasar por película de Antena 3 en El Peliculón de los sábados por la noche. Resulta entretenido pero representa el típico y tópico esquema de la novela negra de toda la vida: asesino en serie, detective/fiscal/policía que se encarga de la investigación y cuya mediocre vida privada va paralela a la búsqueda del asesino y la mujer. Siempre hay una fémina en todo relato policíaco. En este caso, la psicóloga del comisario berlinés Nils Trojan, que también se verá inmiscuida de lleno en la resolución del caso.

El comisario Trojan, hombre atormentado por su pasado que no le deja avanzar en el presente y que a raíz de estar en terapia psicológica, su visión de la vida, sentimentalmente hablando, empieza a cambiar. Comienza a sentir un extraño cuelgue con su psicóloga.

Mientras esto sucede, Trojan deberá detener al asesino que tiene atormentadas a las mujeres que se corresponden con un patrón físico concreto. Las asesina, dejando un escenario dantesco a su alrededor: les vacía las cuencas de los ojos, les arranca el pelo, les deja cortes en todo el cuerpo y un pajarillo de plumaje negro y rojo estrujado a su lado.

“Su mano acarició el animalillo medio estrangulado que llevaba en el bolsillo, Cerró el puño. Se oyó un crujido sordo y la sangre, cálida, le bañó la piel. Entonces extendió la mano y le ofreció a la chica el pájaro aplastado […] La chica abrió mucho los ojos. Él acercó la mano a la cara de ella. Había plumas, estaban por todas partes; una incluso se había pegado a la mejilla de la chica. Él tan solo sonrió…”

Lo que más me ha gustado ha sido que, y aquí va un topicazo como un piano de grande, no sabes quién es el asesino y ni por asomo puedes pensar que es quien finalmente es. Sin embargo, aún hoy, no logro hilvanar ni entender qué tiene que ver el asesino en todo esto de la psicóloga, el comisario, etc. Me explico: sí tiene que ver con el resto de los personajes, pero la persona que al final se descubre como EL ASESINO DEL PÁJARO, para mí y si mal no recuerdo, está ahí en plan “pasaba por allí” y el comisario Trojan llega a él/ella a través de unas pistas un poco puestas ahí a la fuerza, poco razonadas; el autor no me razona cómo y por qué ha llegado a ellas. De repente me encuentro con que se descubre quien asesina a las mujeres sin enterarme de cómo se ha llegado a esa conclusión.

“En su buzón había un pájaro desplumado, destripado y cubierto de sangre. En el cuello, pegado con una chincheta, tenía un papel en el que, escrito con letras grandes, podía leerse: TÚ TAMBIÉN MORIRÁS, TROJAN.”

El final es muy ágil, muy rápido, muy “¡¡pim pam toma lacasitos!!…y hasta luego, Lucas!!”. Demasiado rápido, diría yo. Poca descripción del Berlín donde se desarrolla la historia, poco o nada sobre las perturbaciones e inquietudes de Nils Trojan, de sus problemas con su ex mujer y su hija adolescente, del asesino solo acabas sabiendo de su personalidad muy por encima (quizás por esto no logro entender por qué es él/ella y qué le lleva a hacer lo que hace), de la psicóloga tampoco es que nos dé detalles suficientes ni tampoco de la tensa tensión sexual no resuelta que la une a ella con su paciente, el comisario Trojan. En fin, una historia que va decrescendo, de más a menos, y que termina desinflada por completo.

Léela si te apetece y tienes tiempo, mal no te va a hacer…

 

La noche soñada (Maxim Huerta)

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Uf, Maxim, ¡cuánta sensibilidad y belleza en tus palabras! Creo que ya lo dije cuando hablé de “El Susurro de la Caracola”, pero lo vuelvo a repetir: qué textos tan cargados de sentimiento, cuánto feeling le pone este hombre a sus historias, las dota de una fuerza que te atrapa totalmente e incluso, y no me importa reconocerlo, te hacen llorar.

Justo Brightman, un niño que, deseoso de felicidad para sí mismo y los suyos, decide acabar con lo que les está impidiendo alcanzar la calma y la alegría en sus vidas: su padre. Quiere creer que eso de “muerto el perro, se acabó la rabia” en su familia va a ser posible, y se propone llegar hasta el final para conseguirlo.

La historia comienza en Calabella, cuando Justo es un niño de apenas 8 años, y finaliza 40 años después en Roma con Justo hecho todo un hombre, fotógrafo de profesión, que va a visitar a su madre enferma, para ponerle fin a algo que lo lleva traumatizando desde aquellos veranos en Calabella, algo que hizo y por lo que debe pedir perdón (o eso cree él).

Ya digo, es sobresaliente la prosa de Maxim Huerta y te llega a estremecer cómo te transmite tanto lo que escribe. Une esa prosa tan delicada y característica suya con una historia perfectamente argumentada, sin dejar ni un cabo suelto.

Y tan estremecedor y profundo es lo que escribe, que terminas de leer con tristeza, más que porque has terminado el libro, es porque te quedas hecha una breva. Te toca el corazón sobremanera.

Mi briconsejo de hoy para que la pena te invada lo estrictamente necesario, una vez terminado este libro, es que, a continuación, cojas otro libro pero esta vez mucho más light, tipo “Fabiografía”, la vida y milagros de Fabio Mcnamara escrita por Mario Vaquerizo, y/o la biografía de este último, “Haciendo Majaradas”, y desconectes total y absolutamente. Algo inocuo, indoloro, incoloro e insulso para el alma. Algo que no tenga valor literario alguno y solo valga para estar en modo “ameba”.

Aprovecho para ‘confesar’ que estos dos libros de los que hablo, no son una recomendación hecha al azar, al tun-tún y porque sí. O sea, porque sí, sí, pero porque me los he leído, los dos, en el mismo día, uno detrás del otro. Y sigo viva, fíjate tú.

Que no todo van a ser novelas negras, históricas, policíacas, narrativa… De vez en cuando hay que dejar el cerebro en modo “Y estamos tan agustiiitoooooo…”.

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Y, oye, para no valer ni treinta céntimos de euro ninguno de los dos libros, por no decir que no valen un pimiento pocho, al menos el de Fabio Mcnamara me ha resultado interesante para saber de primera mano la trastienda, la mayoría de las veces tan regulera, de La Movida Madrileña. Nada que no conociéramos ya, pero bueno, para alguien tan a favor de El Chochonismo Ilustrado como lo soy yo, no ha estado mal del todo. Cuando más sé de la era Costus, Fabio Mcnamara, Tino Casal, Capi, Alaska y cía, Almodóvar, etc, más me gusta. Sí, soy muy chochoni y muy mariliendre, pero es que ‘dihhhhfruto’ tanto que no puedo evitarlo (ni quiero tampoco). Todo el mundo sabe, y si no todo el mundo, parte de él, que Alaska es mi musa, es la más grande. ¡Ámola locamente!

Y después de este Bricomanía literario que me acabo de marcar, vuelvo a La Noche Soñada, para recomendarlo. Muy potente emocionalmente hablando, sí, pero es que es una historia muy bonica, joder. ¡Oohhhhh!

Enhorabuena por tu trabajo, Maxim Huerta.

 

Persiguiendo y Encontrando a Silvia (Elisabet Benavent)

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Bilogía que, mal acostumbrada por la Saga Valeria que tanto me gustó, no me ha llegado tanto. Este libro dividido en dos partes no es ni se le parece en nada a los libros de Valeria.

El patrón y el perfil de la protagonista es el mismo pero no me llegó tanto, quizás porque me esperaba lo mismo o más que con Valeria y ahí mi error. Cuidado, que no quiero decir con esto que hayan sido un bodrio de colores, ¡para nada!, pero del mismo modo que en los cuatro libros anteriores, me podía ver y/o me vi reflejada en muchas situaciones que tan bien y con tanto humor se contaban, en este lo vi todo demasiado irreal. Me costaba imaginarme lo que estaba leyendo.

Los protagonistas principales, Silvia, Álvaro y Gabriel, se ven envueltos en un trío sentimental, cuya protagonista es Silvia, que se debate entre lo que Álvaro le da (estabilidad laboral y sentimental, estatus social, dinero, etc) y Gabriel, antiguo integrante de un grupo de rock que actualmente canta como solista, y que le pone el mundo y lo que necesite a sus pies al igual que la parte menos bonita del mundo de la fama, y que Silvia vivirá en primera persona.

Silvia se decide finalmente por uno de los dos, no sin antes pasarlas putísimas hasta que la vida le pone delante lo mejor para ella.

El final es bonito, al igual que pasó con Valeria, pero la impresión que me da es que no lo he saboreado, ni me he reído, ni emocionado, ni identificado tanto como con los libros de Valeria.

Es lo que tienen los fallos de expectativas, que esperas siempre más y luego… ¡zas!

Por cierto, ¿¡Gabriel!?… ¿”Gabriel” como nombre de pila para un artista de música rock? No lo vi en cuanto lo leí y sigo sin verlo. Es como si el tonto a las tres de Justin Bieber, que no sé ni lo que canta, ni qué hace con su vida, ni por qué se hace llamar ‘cantante’, ni por qué tiene tanto éxitos el meapilas éste ni ná de ná, se hiciera llamar Justino. Coñe, pues no, no tiene miga. Lo siento.

Un saludo a todos los Gabrieles de España y allende los mares, que lo digo sin ofender…

Una última cosa, pese a que no me llamó tanto la bilogía de Silvia como la saga Valeria, no dudaré en leerme cualquier libro que vuelva a publicar la autora, porque me chifla su sentido del humor y la forma tan real y natural de decir las cosas. ¡Viva ella!

 

Y por la parte que me toca…¡Feliz verano y felices vacaciones! Dejo esto en standby y en septiembre ¡más y mejor!

Y que no se os olvide: ¡Leed, insensatos!

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“Escoger cinco libros favoritos es como escoger cinco partes de tu cuerpo que preferirías no perder” (Neil Gaiman)

Leo, leo… ¿qué lees? (VI)

“Quien escribe, construye un castillo; quien lee, pasa a habitarlo” (Silvana Duboc)

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Cada dos por tres…seis. Ya van seis entradas hablando de mis experiencias literarias, y las que me quedan, mientras mi tiempo libre me lo permita, claro. Vamos a lo que vamos: tres nuevas reseñas de tres de los ‘nosécuántos’ libros que he leído estas últimas semanas.

Casualidad o no, esta vez hablo de tres novelas pertenecientes al género negro (género literario que amo profundamente por encima de todas las cosas) y que me han gustado notablemente. Por cierto, cada vez que me doy cuenta del vicio que tengo con la novela negra, pienso en lo mucho que me gusta y en lo bien que me lo paso leyéndola y se me pasa…

Hace un par de días leí en facebook la mejor definición de novela negra que he visto hasta la fecha:

Los libros de novela negra sirven para desarrollar el humor negro de forma poética”

Ole.

“Mentiras en Venecia” (Andrew Wilson) mentiras_en_Venecia

Novela totalmente desconocida para mí y que me ha sorprendido…para bien. Thriller psicológico que comienza cuando uno de los protagonistas, Adam, una vez finalizados sus estudios en Gran Bretaña y tras un desengaño amoroso, decide cambiar de vida y llega a Venecia dispuesto a trabajar como profesor particular al mismo tiempo que desarrolla su faceta como escritor.

Por avatares del destino, no ejerce como tal si no que acaba trabajando de asistente personal de uno de los escritores más importantes de Italia, Gordon Crace, para quien Adam significará algo más que un simple acompañante que le hace la compra, limpia, gestiona su casa, etc.

Adam, con el paso de los días y tras descubrir indicios más que interesantes del presente y del pasado de Gordon, personaje oscuro y siniestro donde los haya, cae en la cuenta que tiene delante al protagonista de su historia: su propio casero. ¿Quién es y qué esconde Gordon?  ¿Por qué solo escribió una sola novela y, pese al éxito que cosechó, no quiso continuar?

Bien, la historia en sí es interesante. Establece dos escenarios bien diferenciados tanto en el lugar como en el tiempo, Gran Bretaña y Venecia y unos personajes cuyo rol está claro desde el primer momento. No obstante, aún sigo sin entender a qué viene la historia del pasado reciente de Adam, lo trata muy por encima pero sin aclarar nada, más bien todo lo contrario. Si mal no recuerdo lo deja en el aire, a medio camino.

Léetela y me cuentas…

 

“Apuntes de un vendedor de mujeres” (Giorgio Faletti) apuntesdeunvendedordemujeres

La novela negra es, desde el 4 de julio de 2014, un poquito más huérfana.

Lamentablemente Giorgio Faletti falleció ese día a consecuencia de una enfermedad.

Sirva mi humilde reseña de esta y de las demás novelas de este escritor como homenaje. Echaré de menos tu prosa. Muchas gracias por todo, Giorgio Faletti.

Con esta novela, que casualmente terminé de leerla una semana o semana y poco antes de su muerte, Faletti hizo que, definitivamente, me rindiera a sus pies.

“Soy Bravo y no tengo picha”, así comienza esta historia en Milán, cuna del crimen organizado, los conflictos políticos, la prostitución de alto standing, discotecas, cabarés y  los más turbios tejemanejes, donde Bravo, el protagonista de la historia, hace y deshace a su antojo, trafica con mujeres, la vende y es uno de los “personajes” de más renombre de la ciudad. Esta “peculiaridad” física de Bravo marca su personalidad y hasta su profesión:

“Cuando una cuchilla de afeitar me alejó definitivamente de ciertas prácticas, de algún modo alejó también las emociones anexas. El estímulo no. Es estímulo permanece. Para resarcirme de un deseo a veces desgarrador, de un impulso que nunca podrá satisfacerse, he convertido a las mujeres en un instrumento de comunicación con el mundo.”

Hasta que da con Carla, que despierta en él sensaciones y sentimientos que él creía inexistentes hasta el momento. A partir de aquí, Bravo se verá envuelto en una serie de turbios asuntos que, gracias a su audacia y habilidad (‘Sabe más el diablo por viejo que por diablo’, que diría aquel…), logrará sortear (o no), no sin antes ver peligrar su integridad personal y verse perseguido por la policía, el crimen organizado, los servicios secretos y las Brigadas Rojas.

¿Has visto “El Golpe”? Si la respuesta es afirmativa, lee esta novela y verás como hace un guiño a esta película. Si la respuesta es negativa, léete la novela al mismo tiempo que visionas la peli y comprobarás como es cierto lo que digo.

Engancha lo que no está escrito. La recomiendo, no cabe duda.

La prensa italiana la define así: «El más grande de los escritores italianos sigue llamándose Faletti…Os sorprenderá, os dejará sin aliento, os conmoverá» (A. D’Orrico, Corriere della Sera) «Un thriller explosivo pero también sutil, escrito por uno de los nuevos maestros mundiales del género. Una lectura apasionante» (Scott Turow)

 

La tristeza del Samurai (Víctor del Árbol) LA TRISTEZA DEL SAMURAI

¡Bravo! y mil veces ¡bravo! Víctor del Árbol, mi descubrimiento del año. Cómo y de qué manera me enganchó tu novela. Perfecta tu prosa, sí señor.  Enhorabuena y gracias por lo que escribes. Te has convertido, sin quererlo, en uno de mis escritores de cabecera. Ha sido un flechazo, un amor literario a primera vista. Me han hablado fenomenalmente bien de “Respirar por la herida” y “Un millón de gotas”. Las leeré.

Esta en concreto, si bien el nombre no le hace justicia y puede llevar a error pues no toca nada de la temática japonesa ni la de los samuráis, una vez que lees la historia entiendes a la perfección el título. Encaja totalmente.

Se desarrollan varias historias paralelas a lo largo del libro, entre 1941 y el golpe de Estado de 1981, y los escenarios son Extemadura, Barcelona y la Europa de la posguerra. Básicamente son dos mujeres las que llevan el peso del argumento, Isabel Mola y María Bengoechea. El asesinato de la primera en los años 40 y los muchos frentes a los que debe enfrentarse la segunda, posteriormente, en los años 80. Y una familia, la familia Alcaraz, que pagará las consecuencias tanto de unos como de otros, tanto en los años de la posguerra como cuarenta años después.

A priori, puede parecer que ninguna de las historias tiene nada que ver con la otra, pero nada es lo que parece. Es jodidamente sorprendente y te obliga a estar metid@ de lleno en la historia para no perder ripio.

En este caso, hay un amplio abanico de personajes, cada cual con su historia. Todos, absolutamente todos, son importantes para el desenlace de la historia y ninguno es prescindible. La familia Mola (Guillermo, Isabel, Fernando, Andrés), María y Gabriel Bengoechea, Publio, Ramoneda, la familia Alcalá, Lorenzo, Pedro Recasens…

La moraleja de esta novela, los avatares y circunstancias por las que atraviesan sus personajes, es que: La vida duele.

“Algún día, cuando Andrés fuese mayor, tendría que explicarle por qué las cosas habían sucedido de aquel modo, y cómo funcionaban las complejas reglas de los adultos. Trataría de hacerle entender la absurda realidad en la que los sentimientos no valen nada frente a las razones de otra índole. Que el poder, la venganza y el odio son más fuertes que cualquier otra cosa, y que los hombres son capaces de matar a quien aman y de besar a quien odian si ello es necesario para cumplir sus ambiciones. Sí, cuando Andrés se hiciera adulto, debería decirle todo eso.”

El halo de tristeza que te acompaña durante su lectura es tremendo. Un final brutal y apasionante. Léela, no te defraudará. Y si no te gusta, me comprometo a pagarte una caña con una tapa, por las molestias…

 

PD: A mi amigo Vicente, que me habló muy bien de ella, decirte, de perraca a perraco, que ¡¡Gracias por tu recomendación, diste en el clavo!! Cómo me conoces, jodido… 🙂

 

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“Quiero ser tu libro que nunca te canses de leer”

Leo, leo… ¿qué lees? (V)

“Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro” (Groucho Marx)

¡Di que sí, Groucho!

 

“Sin noticias de Gurb” (Eduardo Mendoza)

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Después de 16 años, con sus días, sus semanas, sus meses y su todo, me he terminado este libro.

¡Aleluya! dijo el Señor.

¡Ya te vale, qué cuajo tienes!, dirás tú.

¡Todo tiene su por qué! Si me dejas, te lo explico…, me defiendo yo.

Y el POR QUÉ es éste: rondaba el año 98 cuando, cursando 8º (si fuiste a EGB) // 2º ESO (si eres de la LOGSE), en la asignatura de Lengua y Literatura, uno de los tres libros que nos obligaban a leer y después hacer un análisis y comentario de texto, fue ÉSTE.

No se me daba mal eso de leer y comentar el libro que tocara en cada momento, pero este libro se me atragantó. Tengo el vago recuerdo de estar leyéndolo con enfado porque no lograba pillarle el sentido, aburrimiento, sopor y ansiedad por pensar lo mal que me iba a salir el análisis del libro. “Madre mía, ¡qué mala nota me va a poner la profesora! ¡No voy a poder soportarlo! ¡Que alguien acabe con este sufrimiento, por favor!”.

Nótese la ironía en esto último… Bueno, no es tal esa ironía si me conoces bien y, sobre todo, me conocías por aquellos entonces. Qué repelencia causaba y qué insoportable era a veces. Si en la Larousse (o en la enciclopedia que fuera) de la época, al lado de la palabra “empollona” apareciera una foto, esa hubiera sido la de mi cara. Y al lado de la palabra “repelente”, mi cara, incluyendo nombre y apellidos. Ya no soy así, lo juro.

Retomando el asunto que me ocupa, el libro, una vez leído unos añicos después, tengo que reconocer que, aunque muy sencillo y rápido de leer, los dobles sentidos, la forma en la que está escrito y el humor ácido de Mendoza podrían resultar de no muy fácil comprensión para todo el mundo. Al menos para mí, en aquella época, con 12 ó 13 años.

Eduardo Mendoza nos presenta a Gurb, un extraterrestre que desaparece en Barcelona y de cuya búsqueda se encarga otro extraterrestre. Nada “extraño”, salvo que Gurb desaparece tras adoptar la personalidad y estética de Marta Sánchez y su compadre alienígena debe recorrer Barcelona en su búsqueda y adaptarse a la forma de vida de la raza humana, no sin antes haberse transformado en, además de en el Conde Duque de Olivares en un primer momento, en otras personas y personalidades conocidas para así pasar desapercibido. Pues eso, nada “raro”, todo muy normal. Lo que sufre el amigo alienígena de Gurb no tiene nombre, ¡pobrecico! Jajajajaja.

Toda la historia es narrada por el colega en forma de diario de a bordo, contado todo al minuto.

Muy paradójico y satírico todo.

A día de hoy, y como ya he dicho antes, confirmo que sí, que me gustó y que es rápido y fácil de leer, pero entiendo que en aquella época no comprendiera un pimiento. Eso o que yo era durica de sesera y me costaba razonar y pillar las dobles intenciones, que también puede ser…

Conclusión: puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que me he reconciliado con Eduardo Mendoza. ¡Un saludo, Edu, majete!

Antes de que se me olviden, he de decir tres cosas:

1- Si lee esto, un saludo muy cordial a mi profesora y tutora aquellos años: Elena S.

2- Nunca es tarde, si la dicha es buena. He aquí, con este libro, el ejemplo.

3- No confesaré a qué plan educativo pertenezco; no, que me da vergüenza.

 

“El Paciente” (Juan Gómez-Jurado)

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Pues…Bravo.

Muy al contrario de algunas personas que dicen que es un libro con un argumento muy previsible y evidente, a mí me pareció muy interesante y para nada sabes el final hasta que no llegas al ídem. Al menos, no el final que, a priori, da a entender el autor. Lo que yo creo es que quienes dicen que el libro no es bueno y que es previsible, no se lo han leído, básicamente.

Si te guías por el argumento inicial: “un reputado neurocirujano al que se le plantea un gran dilema: matar a su próximo paciente, el mismísimo presidente de EE.UU, en una operación, o salvar a su hija de las garras de un piscópata”. ¡Nos ha jodido mayo con las flores! Pues está claro lo que todos haríamos, ¿no?, pero no todo es tan fácil, el dilema del protagonista es más importante y va más allá de lo que nos puede parecer…

Cuenta, en primera persona y desde el corredor de la muerte, las últimas 63 horas del Doctor Evans, un famoso neurocirujano que trabaja en el mejor hospital privado de la ciudad, viudo y con una hija, y la vorágine en la que se ve envuelto por culpa del Señor White, un psicópata que rapta a su pequeña Julia y lo amenaza con matarla si en la próxima operación, su paciente no sale vivo del quirófano. Su próximo paciente, “El Paciente”, el presidente de EE.UU. ¡Tooooooooma moreno!

Se completa este tridente protagonista con la cuñada de Evans, Kate, agente de seguridad del presidente y su esposa, y que es una pieza clave en la resolución de la trama.

No conocía a este autor ni había leído nada de él, pero le doy un muy merecido sobresaliente, porque este libro me ha gustado…mucho.

Muy bien definidos y claros los personajes y su personalidad y todo contado con buen ritmo, que te hace seguir leyendo y cada vez querer saber más y más de la historia.

No sé por qué, pero los libros contados en primera persona, de siempre me han parecido más interesantes, me dan una perspectiva de la trama desde dentro y, en ocasiones, me da la sensación de ser yo misma quien está viviendo lo que en el libro se cuenta, de estar en la piel de los protagonistas.

“No soy un terrorista, ni un loco, ni un asesino. Solo soy un padre…y esta es mi historia”

 

“La saga Valeria” (Elisabet Benavent)

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“Valeria es escritora de historias de amor.

Valeria vive el amor de forma sublime.

Valeria tiene tres amigas: Nerea, Carmen y Lola.

Valeria vive en Madrid.

Valeria ama a Adrián hasta que conoce a Víctor.

Valeria necesita sincerarse consigo misma.

Valeria llora, Valeria ríe, Valeria camina…

Pero el sexo, el amor y los hombres no son objetivos fáciles.

Valeria es especial.

Como tú.”

“Pon un Víctor en tu vida” podría servir como moraleja a esta saga que, aun pudiendo parecer una mezcla entre ‘Cincuenta Sombras de Grey’ y ‘Sexo en Nueva York’, no lo es. O al menos a mí, en su totalidad, no me lo ha parecido. Quizás porque a Sexo en NY le tengo una manía irracional (no soporto a Sara Jessica Parker, lo confieso) y Cincuenta Sombras de Grey, pese a que me leí la trilogía tres veces, es erótica y me resultó ameno, lo veo cargado de glucosa y muy infantil y moñas.

En cambio, los cuatro libros de la saga Valeria, “En los zapatos de Valeria”, “Valeria en el espejo”, “Valeria en blanco y negro” y “Valeria al desnudo”, son súper amenos, divertidos, desenfadados, con un gran toque de realismo y altas dosis de sensualidad. Muy explícitos, sí, pero sin llegar a ser obscenos. Quien no haya hecho lo que se cuenta en el libro…no sabe lo que se pierde 😉

Me enganché a ellos enseguida y en una semana ya me había leído los cuatro, los devoré como el monstruo de las galletas devora una caja de Marbú Dorada.

Confieso que me he reído lo más grande con todos y cada uno de los libros e incluso alguna lagrimilla se me ha escapado al final del cuarto libro. ¡Oooooohhhhh!

Las cuatro mujeres protagonistas sobre las que gira el grueso de la saga, bien podríamos ser algunas de mis amigas y yo. Por la personalidad de ellas, por la forma de hablar, por lo que hablan (¡tela!…), por lo que les pasa, por su modo de vida y de ver el mundo. Absolutamente, sí.

Altamente recomendable. ¡Quiero saber más de Valeria, Víctor y compañía, Elisabet Benavent!

Por cierto, indagando por las redes, leo que hay firmada una adaptación a la TV de esta saga. No pienso perdérmela.(http://www.sumadeletras.com/es/noticia/diagonal-tv-firma-el-acuerdo-por-el-que-producira-la-serie-basada-en-la-saga-valeria-de-elisabet-benavent/)

Antes de que se me pase decirlo: Un saludo a esas, mis amigas, a las que hago referencia más arriba y de las que no he dejado de pensar leyendo estos libros: S, E, A, L, M, T y N. ¡Os quiero, y lo sabéis!

 

“La luz de Candela” (Mónica Carrillo)

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¿Por qué, Mónica Carrillo, por qué?

Esperaba más de tu novela. Esperaba más de ti. Era tan bueno lo que leía de tu novela en twitter, que tenía altas expectativas, pero ¡uf!…

Te sigo por las redes sociales y por la TV, y me gusta tu forma de escribir y de hablar y tu humor, pero con esta novela creo que has patinado un poco. Para ser una novela cortita, que se puede leer en una tarde, a mí se me ha hecho larga y empalagosa y varias veces me ha apetecido abandonarla. No ha sido así, la he leído hasta el final, pero no la volvería a leer y tampoco es que la recomiende a amigos y familiares. Muy repetitiva y lineal, cuentas cosas muy vagas pero no dices nada importante. Le falta historia a la historia.

Habla Candela en primera persona, fotógrafa de profesión, dirigiéndose a Manuel, modelo, y de la relación de ambos, donde se muestra una Candela excesivamente dependiente de él, enamorada hasta el tuétano y no correspondida. Unas personalidades nada definidas las de los dos protagonistas, que no aclara nada al lector. Intercala capítulos donde la madre y amigas de Candela hablan con ella y de ella, de cómo es y de cómo ven la relación Candela-Manuel. Y un final que me dejó igual que antes de empezar a leer la novela: indiferente.

Si bien te alabo tu capacidad de sentir y transmitir tanto con lo que escribes y se nota que eres una mujer con mucha sensibilidad, y mira que eso no es fácil, en este caso, lo siento, Mónica, pero esta novela no me ha gustado.

Leyendo las primeras líneas del primer capítulo me dije que podría valer la pena, pero me equivoqué. Lo único menos malo que puedo decir es que quizás, para quien o quienes hayamos pasado por algo similar a lo que le pasa a tu protagonista, leyendo la historia puedan o podamos ponerle palabras a los sentimientos:

“A veces la vida me viene grande. O quizá sea yo la que se vuelve pequeña ante tantas cosas que no entiendo. No lo sé. Tampoco sé por qué te quise tanto, por qué te sigo queriendo. Ni por qué me cuesta tanto olvidarte. No entiendo que puedas pasar sin mí, sin mis besos. Nadie me ha besado como tú, me decías. Y, sin embargo, prefieres no besarme. O quizá te mueres de ganas y no te atreves a reconocerlo. Es eso. Tiene que ser eso. Ha pasado tanto tiempo que no te atreves a acercarte por miedo a que esté con alguien, a que te diga que no, que ya no te quiero.”

Por cierto, en el libro, he encontrado la descripción del “primer beso” más fina que he visto/leído en mi vida:

“Nos besamos durante un buen rato. Fue un beso suave, de reconocimiento. Nos estábamos presentando, dándonos a conocer.”

Al final de cada capítulo, aparecen unos brevísimos relatos, “#microcuentos”, que me parecen lo más interesante del libro. Aquí algunos ejemplos (los que más me han gustado):

T e quiero
E n horizontal y en vertical
Q uería decírtelo
U n día
I maginarte a mi lado
E so quería
R imas en ese sentido
O en figurado.

 

“A veces me acuerdo de la primera vez que te vi

Otras de la última vez que me besaste

Y de lo que siempre me olvido es de olvidarte.”

 

“A veces cojo un cigarro, una copa,

y me siento a pensar en ti

Yo, que ni fumo, ni bebo

Pero te pienso y te siento

También de pie.”

 

“- ¿Qué tenía aquello para que valiera tanto la pena?
– Decían que estaba prohibido.”

 

“Por eso, después de mucho tiempo hipotecando mis pensamientos, hoy he decidido matarte. Porque me he dado cuenta de que esto ya nada tiene que ver contigo. Es cosa mía, un proceso ajeno a ti.”

 

“Quería decirte algo
No sé si debo
¿Recuerdas aquel día?
Pues desde ese día.”

 

“El tiempo. Todo. Locura.”

 

“Me acuerdo mucho de aquellos días,
De cuando la vida era otra cosa.”

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Leo, leo… ¿qué lees? (IV)

Mientras escucho “Para todos los públicos”, el nuevo CD de Extremoduro, y me tomo un colacao, vamos con la cuarta entrada de mis “Leo, leo…¿qué lees?” (de verdad que sigo sin terminar de ver el título, pero no se me ocurre otro mejor que éste, lo siento).

Ahora que caigo, en este momento estoy disfrutando de algunos placeres vitales para mí en la vida, esta noche concretamente tres: lectura, música y colacao. Gozada supina.

¿Empezamos? Vaaaaamos…

“Yo, Aníbal” (Juan Eslava Galán)

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Este libro tiene casi tantos años como yo, pero es ahora cuando cae en mis manos, gracias a mi padrino que me habló de él.

Es una novela histórica contada de forma autobiográfica por el general Aníbal Barca, que desde la torre de adobe, en medio del desierto, en la que se encuentra prisionero de los romanos deja un manuscrito con sus vivencias desde sus inicios hasta el fin de sus días cuando muere envenenado por la ingesta de unos polvos que él mismo ocultaba dentro de su escudo.

Cuenta las vivencias desde su salida de Cartago con su padre Asdrúbal, siendo un niño, su paso por los Alpes, las batallas contra las legiones romanas a las que tiene que hacer frente en condiciones nada favorables durante su camino, sus éxitos y derrotas bélicos, su matrimonio con Himilce y su posterior paternidad, sus enfrentamientos con los poderes políticos de la época, las estrategias que sigue para derrotar a los enemigos de las que nos hace partícipes, la pérdida de Roma de manos del general Escipión y sus momentos de soledad. Un sentimiento de soledad (más que un sentimiento, era una realidad) que le acompaña hasta su muerte.

Si bien, y como puntualiza el autor al comienzo del libro, esta obra no es “unánimemente admitida por los anibalistas de la comunidad científica internacional”, hay datos que sí son rigurosamente ciertos y que, para todo aquel que sea amante de la novela histórica, pueden interesar.

“Mi padre y mi tío murieron combatiendo contra los Barca; tus hermanos murieron combatiendo contra los Cornelios. Tu sangre y la mía están unidas por el recíproco odio. No son Roma y Cartago sino los Barca y los Cornelios los que ahora se dividen el campo.”

Es una historia que me resultó bastante amena, aunque sí he de puntualizar que la primera parte del relato lo fue más que la segunda (esta parte, confieso, me costó retomarla en más de una ocasión).

“Su triste despojo era presagio cierto que representaba el sino de los Barca y también el de Cartago. Mi bisabuelo perdió la vida luchando contra los piratas cretenses, mi abuelo murió guerreando contra los númidas, mi padre y cuñado contra los oretanos. Ahora mi hermano había perecido a manos de los romanos, como luego mi otro hermano, Magón.”

Como buena cartaginesa y, sobre todo, cartagenera de pro que soy, la descripción que hace Aníbal de Cartago en sus primeras páginas, me gustó:

“Los olores son el alma de la ciudad. Cartago es tan desordenada y bulliciosa como sus olores. En su enorme caldera se funde, desde hace siglos, una multitud mestiza constituida por todas las razas y estirpes que pueblan la tierra. Quizá deba a esta circunstancia su condición de ciudad apátrida, de caótico mercado donde las generaciones de fenicios, egipcios, griegos, libios, sirios, númidas, chipriotas, efesios, judíos y galos se confunden y hacen sus tratos, vociferando y tirándose de las mangas. La bulliciosa ciudad habitada por mercaderes, artesanos, navegantes y esclavos no constituye una patria. Me ha costado toda una vida percatarme de que la patria es un asunto de campesinos ligados a la tierra.” 

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“Ergo Carthago delenda est” (Catón el Viejo, dixit)

“La gente feliz lee y toma café” (Agnès Martin-Lugand)

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Aprovechando que hoy la concursante Paz se ha llevado el bote (1.310.000€, nada más y nada menos), voy a marcarme un Pasapalabra para resumir este libro:

“Con la A, dicho comúnmente de una persona, animal, cosa o este libro que no genera en ti influencia alguna: ANODINO.”

¿Esto quién lo escribe? ¿Corin Tellado?

¿Sabéis de esas colecciones de novela romántica de hace ochocientos años de tapa de papel, de edición de bolsillo, llamadas  “Harlequín”, “Jazmín”, “Bianca” o similar? Pues dentro de estas novelillas se puede encuadrar perfectamente “La gente feliz lee y toma café”. Novela rápida, simple y que no profundiza para nada en ningún tema de los que se habla en el libro. ¿Y el título? Aún sigo sin entender a qué viene, ni qué tiene que ver con la trama. El título del libro es el nombre del café literario del que la protagonista es co-propietaria, pero que no pisa nunca (solo al final de la novela, las cuatro últimas páginas).

Me llamó la atención en un principio (la portada, incluída) pero ¡qué va!, mucho bombo y platillo a una novela nada atrayente e insustancial. Todo muy cogido por los pelos, como ya he dicho antes, y escrita como con prisa.

Aiiiissss!! Mira que lo siento, pero no.

“Te dejo es jodete al revés” (Señorita Puri)

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Señorita Puri es el nombre que Puri (su nombre real) usa como nick en las redes sociales y que le ha dado tantísima popularidad. Es un misterio quién se esconde detrás de la Señorita Puri. No se le conoce ni su cara ni su voz y quizás sea ese uno de sus éxitos, ya que cada cual le ponemos la imagen y la voz que más nos apetezca… ¡la imaginación al poder! ¡Muy bien por no desvelarnos tu cara ni tu voz, Puri, que siga así el misterio!

Yo la sigo en Twitter (@SenoritaPuri) y en su blog (http://www.senoritapuri.com/) y es genial: lo que dice, cómo lo dice y el humor/sarcasmo que le pone. No tiene pelos en la lengua y eso es cojonudo.

Este libro me lo leí por curiosidad y gracias a las redes sociales (como algunos de los libros que leo últimamente, vaya).

La historia de Puri, cajera de supermercado de profesión, se desarrolla a partir de que su marido le es infiel y ella se da cuenta de que tiene que tirar para adelante, ser fuerte y no mirar el pasado. Su vida da un giro de 180º. A partir de ahí, le empiezan a suceder infinidad de cosas y comienza a vivir situaciones que bien podrían pasarnos a cualquiera de nosotros. Nuevo novio, maternidad, amistad, ascensos laborales con sus pros y contras, etc. Todo con muchas dosis de positivismo, buen rollo y, sobre todo, mucho y buen humor (necesario y básico en los tiempos en los que estamos). Hay partes que son verídicas y forman parte de la vida de Puri y otras van aderezadas.

Lo recomiendo para echar unas risas frescas y pasar un rato muy agradable. Podríamos ser cualquiera de nosotr@s l@s protagonistas de esta historia.

El siguiente libro de Puri se titula “La Familia: alojamiento con tensión completa” y, por lo que leo, tampoco deja indiferente a nadie. Habrá que leérselo.

“Corazón enfermo” (Chelsea Cain)

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Thriller policíaco muy de mi gusto, ¡cómo no! 🙂 y primera parte de la trilogía “Corazones Ensangrentados”.

Cuenta el drama del detective Sheridan, sometido en el pasado a horribles torturas de manos de Gretchen Lowell, una asesina en serie sin escrúpulos y fría como una foca, que lo captura, tortura, humilla e, inexplicablemente, pone en libertad y que le deja terribles secuelas físicas y emocionales.

Dos años después, y con Gretchen entre rejas, Sheridan vuelve a su puesto de trabajo y es el encargado de averiguar quién es el asesino que está acabando en la actualidad con la vida de jóvenes adolescentes, tras violarlas y asesinarlas. El ‘Extrangulador extraescolar’, lo llaman. El detective, que sigue ligado, lo que parece un claro ejemplo de “síndrome de Estocolmo”, a la Belleza Asesina (por este apodo se le conoce a la bella Gretchen Lowell) a la que va a visitar semanalmente a prisión para que le proporcione detalles sobre quienes fueron sus víctimas y dónde las asesinó en el pasado y que casi le cuesta la vida a él, tampoco puede desvincularse de ella por motivos relacionados con el caso del asesino de las niñas.

Paralelamente aparece Susan, una periodista de apariencia peculiar que se encarga de escribir para el periódico para el que trabaja sobre el detective Sheridan y que se verá envuelta directamente en este caso.

Tremendos el poder que ejerce, la adicción que le crea y la manipulación absoluta de la Belleza Asesina sobre el detective.

Un libro muy válido y, aunque el final no es nada sorprendente, tiene pasajes tan sumamente descriptivos que, si vas un poco más allá con la imaginación, dan entre asco y grima y hacen que este libro merezca un poco más la pena. Varios ejemplos de lo detallado del relato y lo morbosica que llega a ser la autora:

“Le saqué el intestino delgado. Hice una incisión de unos tres centímetros en la pared abdominal con un bisturí y le fui sacando el intestino delgado centímetro a centímetro con una aguja de ganchillo y fui cortándolo en pedacitos empezando desde el mesenterio. Una aguja de ganchillo relativamente grande. Tienes que hacerlo con algo lo suficientemente grueso para enganchar el intestino, porque es resbaladizo y yo no quería perforarlo. Dicen que, por término medio, el intestino mide siete metros, pero nunca he sido capaz de extraer más de tres. —Sonrió, pasándose la lengua por los labios, como si los tuviera secos—. Es hermoso, tan rosado y delicado como algo que estuviera esperando a nacer. El olor metálico de la sangre, ¿lo recuerdas, querido? — Se inclinó hacia delante, con las mejillas arreboladas de placer—. Cuando me suplicó que me detuviera comencé a quemarla.”

 

“Ella agarra el bisturí de la bandeja, todavía manchado con su sangre, y lo sostiene contra su pecho. Comienza entonces a cortar. Él casi no puede sentirlo. La hoja es afilada pero los cortes que hace no son muy profundos. Él observa cómo su amoratada piel se va abriendo bajo el filo, y su sangre empieza a salir a borbotones, deslizándose roja y brillante a lo largo de la herida. Ésa es la sensación más fuerte: su sangre corriendo a los lados, dejando un reguero púrpura que se acumula bajo su pecho y, junto al sudor, empapa la sábana blanca. Él mira cómo ella juguetea con su cuerpo, con el ceño fruncido y un aspecto concentrado.”

¡¡Arrrggghh!! …

 

Por cierto, hay una duda que me corroe: ¿Por qué, paralela a la trama principal  de una novela policíaca, siempre hay un asunto amoroso? Se conoce que, los amoríos, el fornicio y los asesinatos van de la mano en este tipo de novelas. Lo que nos gusta el morbo, copón… 😉

 

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“Le gustaba fumar marihuana desnuda. Hacía que se sintiera bohemia.” (‘Corazón enfermo’, Chelsea Cain)

 

Leo, leo… ¿qué lees? (III)

“Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles” (John Waters)

He aquí John Waters fomentando la lectura. Así, sí. ¡Un fortísimo aplauso para Mr. Waters!

Ay, si hubiera sabido de esta recomendación antes…

Bueno, a lo que voy que me desvío del tema:

“El tercer lado de los ojos” (Giorgio Faletti)

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Si te has leído “Yo mato”, este libro te va a parecer mucho más flojo (que no lo es, pero para que se me entienda). Giorgio Faletti sigue el mismo patrón que con el anterior: asesino en serie que comete crueles asesinatos + detective(s) que investiga(n) + asesino(s) capturado(s).

Con todo y con eso, me gustó. Quizás no sea objetiva, ya que de este autor me leo hasta su carta astral si hiciera falta, pero me pareció muy entretenido e hizo que me mantuviera concentrada de principio a fin.

Se establecen dos escenarios: Nueva York y Roma, y los protagonistas que viven en sendas ciudades acabarán por coincidir en el camino y ambas historias se convertirán en una sola.

Un thriller cuyo asesin@ recrea viñetas de los cómics de Snoopy, dejando atrás unas escenas de sangre, muertes macabras y venganza, en las que los personajes asesinados tienen mucho en común con el/la asesin@ por un suceso acaecido en el pasado en el que los protagonistas son el/la verdugo y sus víctimas.

Que nadie pierda de vista a la detective que vive en Roma y que, gracias a un trágico suceso que le ocurre en primera persona, sirve, muy a su pesar y a costa de dejar parte de ella y de su vida en el camino, para la resolución del caso.

Un periódico italiano, Il Mattino, habla del libro y dice esto: «El ataque es fulminante. Bastan pocas páginas para comprender que estás entrando en un agujero negro, condenado a leer hasta el final, sin pausa, sin respiro ni vía de escape posible.»

La portada: rara, extraña, oscura, siniestra. ¡Me gusta!
En cuanto al libro: lo recomiendo totalmente. Y aunque “Yo mato” es mucho “Yo mato”, con este libro el autor no decepciona. Palabra de fan.

 

“El francotirador paciente” (Arturo Pérez-Reverte)

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Siempre he oído a mucha gente decir (a mi madre, sin ir más lejos) que el Arturo articulista es mil veces mejor que el Arturo escritor. Corroboro lo segundo, no así lo primero, ya que este es el primer libro que leo de mi paisano. Sí, lo sé, ya me vale, no tengo vergüenza…lo siento, mea culpa. Que Don Arturo me perdone.

El libro es un thriller que se desarrolla entre Nápoles, Verona, Lisboa y Madrid y nos cuenta la búsqueda a la que es sometido el mayor graffitero del momento, Sniper (“un personaje complejo, sin escrúpulos…un terrorista urbano”, tal y como el autor lo describe), cuya identidad y paradero no los conoce nadie, por Alejandra, especialista en arte urbano a la que le encargan este caso. Ésta lo persigue ya que quiere proponerle la exposición de sus obras en el mundo del arte tradicional. Sin embargo, este graffitero se ve salpicado por la muerte de uno de sus seguidores que, al intentar llevar a cabo uno de los retos que Sniper propone, fallece. El padre del chaval fallecido anda tras la pista de Sniper y está dispuesto a tomarse la justicia por su mano.

A raíz de leerme este libro, he sabido que Arturo Pérez-Reverte estuvo investigando durante un año el mundo del graffiti en España e Italia y según he leído “se palpan las influencias de las historias de Lose y Muelle, dos graffiteros madrileños bastante reconocidos”.

“El francotirador paciente” es un libro que recomiendo. Y volvería a leérmelo, por supuesto.

Ya no solo recomiendo este libro, es que recomiendo a este autor total y absolutamente, no ya por sus libros porque, como ya he dicho, no he leído sus obras, pero sí por sus artículos, sus “Patentes de Corso” y sus entrevistas en prensa y televisión. Da gusto oírlo y leerlo. Tiene admiradores y detractores allá por donde va, no siempre cae bien (porque no dice lo que se quiere oír ni como se quiere oír) y eso…me pone. Además, que coño, ¡es cartagenero! (¡Paisanooooooooooooooooo! 🙂 )

Que se me olvidaba: llamativa y psicodélica portada, por cierto. Me gustó.

“El Destino es un cazador paciente. Ciertas casualidades están escritas de antemano, como francotiradores agazapados con un ojo en el visor y un dedo en el gatillo, esperando el momento idóneo. Y aquí, sin duda, lo era. Uno de tantos falsos azares planeados por ese Destino retorcido, irónico, aficionado a las bromas pesadas” (“El francotirador paciente”)

 

“La ridícula idea de no volver a verte” (Rosa Montero)

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Otro libro que me leí gracias al Círculo de Lectores que, en su página de Facebook, lo sugería.

Muy interesante y acertada recomendación, todo sea dicho.

Rosa Montero, un año después de la muerte de su marido Pablo, recibe el encargo de escribir sobre el diario de Marie Curie que ésta redactó tras la muerte de su marido, Pierre.

Curioso el paralelismo entre la historia de Marie y Pierre y Rosa y Pablo, pues ambas quedaron viudas tras un fatal desenlace. Marie, por la muerte de Pierre tras ser fatalmente atropellado por un coche de caballos y Rosa, por el fallecimiento de Pablo por culpa del asqueroso cáncer.

Al mismo tiempo que Rosa nos descubre y desgrana la vida de la Premio Nobel, con sus luces y sombras y con todo lo que tuvo que pasar hasta llegar a donde llegó, también nos cuenta pinceladas de su vida en común con Pablo. Un libro “autobiográfico” que suena a despedida. Un claro homenaje a su amor, Pablo.

Me maravilló el lenguaje tan exquisito, sencillo y vivo de Rosa Montero y la capacidad de invitarte a reflexionar sobre el tema en cuestión sin apenas darte cuenta. Intercala texto y fotos, lo que hace más ameno, si cabe, este libro.

Y he de confesar que se me saltaron las lagrimicas (y, de hecho, ahora también al recordarlas) con algunas situaciones que Rosa vivió en primera persona y que cuenta de tal manera que te hace partícipe de la historia. Fue inevitable acordarme de mi abuelo paterno, que en gloria esté.

Enhorabuena por este libro, Rosa. Esta sesión de “porno emocional” que nos brinda con “La ridícula idea de no volver a verte”  a la hora de hablar de ella y de su vida, creo que yo sería incapaz de hacerla o, al menos, me costaría. Dejar en pelotas mi alma y hablarle de mis intimidades (sobre todo de algo tan espinoso como una enfermedad tan desgraciada) a todo el mundo como lo ha hecho ella, es algo que valoro. He dicho “creo” porque nunca se puede decir “de esta agua no beberé, este cura no es mi padre y esta tranca no me cabe, porque…cabe”.

Lo dicho, ¡gracias!

Continuaré leyéndome sus obras anteriores y las que escriba de aquí en adelante.

La portada: correcta. Muy sobria, muy en la línea del contenido del libro.

Una última cosa: en la entrada anterior (“Leo, leo… ¿qué lees? II”), aplaudo a todo aquel que decida lanzarse a la aventura de escribir un libro (bueno, a todo el mundo no; quienes tienen escribanos que lo hacen por ell@s, no) y, por qué no reconocerlo, l@s envidio. A mí me encantaría, lo confieso, pero como me dijo alguien una vez: “Laura, lo importante es tener una historia que contar y alguien a quien contársela”. Así que, visto lo visto, mejor me dedico a cuidar bonsáis o algo…

En fin…que a propósito de esto, hice memoria y caí que en el libro de Rosa Montero, ésta habla de la faceta de escritor y lo que ello supone, describiéndolo con estas palabras que tanto me llamaron la atención:

“Para poder escribir una novela, para aguantar las tediosas y larguísimas sentadas que ese trabajo implica, mes tras mes, año tras año, la historia tiene que guardar burbujas de luz dentro de tu cabeza. Escenas que son islas de emoción candente. Y es por el afán de llegar a una de esas escenas que, no sabes por qué, te dejan tiritando, por lo que atraviesas tal vez meses de soberano e insufrible aburrimiento al teclado. De modo que el paisaje que atisbas al empezar una obra de ficción es como un largo collar de oscuridad iluminado de cuando en cuando por una gruesa perla iridiscente. Y tú vas avanzando con esfuerzo por el hilo de sombras de una cuenta a la otra, atraída como las polillas por el fulgor, hasta llegar a la escena final, que para mí es la última de estas islas de luz, una explosión radiante. Por cierto que cada novela tiene pocas perlas: con suerte, con muchísima suerte, tal vez diez. Pero incluso puedes apañártelas con cuatro o cinco, si son lo suficientemente poderosas para ti, si son embriagadoras, si las sientes tan, grandes que no te caben dentro del pecho y te dices: yo esto tengo que contarlo. Porque, de no hacerlo, presumes que la escena estallaría en tu interior y terminarías sacando chorros de vapor por las narices”.

 

Bravo.

 

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“Un niño que lee será un adulto que piensa”

Leo, leo… ¿qué lees? (II)

“La lectura es para mí algo así como la barandilla en los balcones” (Nuria Espert)

 

“Lo que encontré bajo el sofá” (Eloy Moreno)

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Curiosa la forma en la que di con este autor y con su obra. Un día recibo una notificación a mi móvil de que un tal Eloy Moreno (@Eloy__Moreno) me sigue en Twitter. Cotilleo su perfil, leo que es escritor y ¡pues vale!, lo sigo yo también. Es lo que tiene la pestañica de “Personas que quizás conozcas”, que en función de a quién tú sigues, así te sugiere la aplicación las personas a las que seguir.

Y, oye, qué buena sugerencia ésta. Gracias Twitter, qué majo eres a veces…

Además del libro que me ocupa, este escritor ha escrito otro más (“El bolígrafo de gel verde”) que todavía tengo pendiente.

“Lo que encontré bajo el sofá” es su segunda novela y, sin haber oído y leído nada de este autor, me lancé a él (al libro, que hay que explicarlo todo). Me atrajo la portada, elegante, nada ostentosa y discreta (como ya comenté en la entrada anterior “Leo, leo…¿qué lees? I”, soy jodidamente maniática con las portadas de los libros). Bien ahí por Eloy, me dije.

El libro es ameno y toca temas muy variados: desde el bulling, el desamor, la corrupción o la infidelidad pasando por el maltrato. Y digo “toca” porque no se centra en uno solo. Quizás el tema sobre el que recaiga el 60 % del argumento sea el de la infidelidad. Y ahí está el “pero” de este libro: parte de dos historias diferenciadas (la de Alicia y la de Marta), pero inconexas. La historia de Alicia es ese 60 % del que hablo, pero la de Marta, al igual que la del resto de personajes, está como puesta ahí a la fuerza y sirven al autor para llevar varias historias paralelamente durante todo el libro. Aprovechando los argumentos de estas “historias paralelas” y los temas que trata y que he enumerado al principio de este párrafo, el autor hace una crítica no solo a unos pocos, sino que critica al ser humano en su conjunto:

“Para empezar, soy de la opinión de que todos somos corruptos en nuestra medida, a nuestro nivel, dentro de nuestras posibilidades. Por ejemplo, ¿qué diferencia hay entre uno de vosotros y esa persona que se queja del gobierno pero en su bar tiene a varios camareros trabajando sin contrato, o aquel que lleva el coche al taller pero prefiere ahorrarse los impuestos pagando sin factura, o aquellos que mientras protestan por la corrupción política se jactan de haber engañado a Hacienda en la declaración, o todos los que ahora no pueden pagar la hipoteca pero que llenaron un sobre con dinero negro cuando fueron al notario a comprar la vivienda, o esos manifestantes que, pancarta en mano de «Ladrones, ladrones», llegan a casa y se descargan todo lo que pueden de internet sin pagar un euro…? Ninguna. Cada persona es corrupta en su nivel, cada uno roba dentro de sus posibilidades…”.

En ocasiones, ciertos pasajes del libro me resultan un poco populistas, buscando el aplauso fácil. Pero, ¡ojo!, solo es una percepción mía, lo mismo mañana lo vuelvo a leer y esos pasajes me parecen cojonudos. No lo sé…

El final me dejó fría: un poco flojo y con algunas reacciones de algunos personajes que me chocaron y no entendí. Un poco cogido por los pelos, me pareció.

El texto es estiloso y de amena lectura, con algunas reflexiones interesantes y con una ambientación inmejorable: Toledo. Toledo y sus rincones y las leyendas y fábulas que se describen en el libro y que te trasladan allí, hacen que si no has estado nunca, de repente te entren ganas de ir y, si ya has estado, que quieras volver a visitarlo. Lo mejor del libro, sin duda alguna.

¡Quiero volver a Toledo! y ¡viva Castilla La Mancha! (mi lado manchego, por parte de padre, ha hablado por mí…).

¿Recomiendo este libro? Sí. Fácil, ameno y para toda la familia.

 

“El cielo ha vuelto” (Clara Sánchez)

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Premio Planeta 2013. Pues, hombre, no es para hacerte un hoguera con él pero para un premio…pues psé. Huelga decir que para mí, todo aquel que tenga los cojones de escribir un libro y se lance a la aventura de crear una historia a partir de nada y que esa historia (sea del género que sea) llegue al lector, me merece el máximo de mis respetos, pero tanto como para un premio de esta índole, noséyoquédecirteeeeeee…

O yo tengo un criterio de dudosa procedencia y mis gustos son una mierda pinchada en un palo, o los premios estos tienen el listón muy bajo.

A ver, al ser la primera novela que leo de esta escritora, no puedo afirmar que sea ésta mejor o peor que otras de su bibliografía. Que el libro no es malo, que los hay peores y bla, bla, bla…, pero este en concreto es regulero, muy regulero. Tuve la sensación de estar leyéndome el Cosmopolitan, la revista Elle o la de Ana Rosa Quintana (por darle un toque cañí a la comparativa) en la sección de “¡Cuéntanos tu caso! Tenemos un equipo de psicólogos, sexólogos y expertos tarotistas de Massachusetts dispuestos a ayudarte”.

Habla del mundo de la moda, sus tópicos, de cómo la protagonista, Patricia, sobrelleva una vida aparentemente idílica pero que en realidad no lo es y cómo decide romper con lo estereotipado anteponiendo su felicidad a la de los demás, todo esto con toques esotéricos (aparece una medium que, junto con la protagonista, son los dos ejes sobre los que gira el argumento) que te llevan a un final raro e inconcluso que poco encaja en esta historia.

Creo que no lo volvería a leer. “Querida abuela…tu Susi” de la Colección de ‘El Barco de Vapor’ me gustó mil veces más que este libro.84-348-2082-X_g

 

Perdóname, Clara Sánchez, no es nada personal pero esperaba algo más de una “premio Planeta”. Sin acritud. Por cierto, ¡enhorabuena por la portada! En eso he de alabarte el gusto. Bien ahí.

 

“Adivina quién soy” (Megan Maxwell)

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La primera parte que continúa en junio con una segunda. Creo que la leeré, no porque me haya gustado demasiado, sino por la curiosidad del ‘qué pasará’ (aunque me lo puedo imaginar). Y digo ‘creo’ porque la historia es predecible, tipiquísima y topiquísima, que entremezcla con algunos toques (muy pocos) de humor, amor (¡Ooohh! ¡Qué pastelada!), sexo, música (el título de cada capítulo es el de alguna canción que hace referencia a lo que sucede en dicho capítulo) y que entretienen (tampoco mucho más).

No destaca por nada en concreto.

Está escrito en primera persona: la narradora es Yanira, la prota de la historia. Muy al estilo de “Cincuenta Sombras de Grey”, pero en moñas (más todavía si cabe).

Si lees la sinopsis, te lo venden como una novela ambientada en los locales de intercambios de parejas pero esto solo dura los primeros capítulos, después de esto, la historia va por otros derroteros más de novela romántica de toda la vida.

Y, aunque está catalogada como “novela erótica”, tiene de erótica lo que yo de monja de clausura. Sí hay pinceladas en las que describe alguna que otra escena subida de tono y los polvazos que la protagonista se mete entre pecho y espalda, que no llevan el peso de la historia, pero poco más.

Muy culebronesco todo.

No conocía a su autora y no he leído nada de su trilogía anterior, por lo que no sé por qué derroteros va la prosa de esta mujer, pero lo que sí he de apostillar es que me ha dado la impresión que ha querido emular a  E. L. James y sus “Cincuenta Sombras”, pero se ha quedado en el intento.

De fácil y rápida lectura. A quien le guste la novela ‘romanticona’, este libro puede que le guste, pero a quien no, entre l@s que me incluyo, lo leerá por entretenimiento (sopena que no tenga entre manos algo mejor)…o no.

En cuanto a la portada, correcta. Le sobra ese floripondo con forma de alcachofa ‘despeluchá’ en amarillo fluorescente.

 

Por cierto, ¿he dicho ya que soy hiper-ultra-requete fan de la novela policíaca y del género negro en general y que estos tres libros de policíacos no tienen nada en absoluto pero que no está de más leer otros géneros para corroborar que donde esté un asesinato o asesinatos y una investigación policiaca y judicial detrás y/o un thriller con sus sustos, su suspense y su todo, que se quite lo demás?

Arte callejero

 

Buenas noches.

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