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A mis veinte y diez…

treinta

Y, parafraseando a Joaquín Sabina (una de sus canciones se titula “A mis cuarenta y diez”, para quien no lo sepa y quiera acostarse hoy sabiendo una cosa más), es como titulo esta nueva entrada que no es ni más ni menos mi recién estrenada edad/década/decena o llámalo como quieras. Treinta soles, treinta castañas, treinta palos, treinta inviernos, treinta añazos. ¡Guau!

Que para ti no son nada, pero es que tú ya los has cumplido hace un par de años, un lustro, una década o, incluso, dos décadas atrás, y ya sabes lo que es, lo que se siente, lo rápido que se pasa el tiempo a partir de los 30, que aún quedan mil cosas por hacer y vivir y que si la abuela fuma, pero es que YO NO; esta es mi primera vez, no había cumplido tal cantidad de años antes y, joder, cuanto menos impresiona. Déjame que me dé “respeto”, que me pare un poco más de lo normal a pensar en ello, que me emocione positivamente si me apetece y por favor, y bajo ningún concepto, me vuelvas a preguntar “Qué, Laura, ¿tienes novio ya?” (¡¡si tú supierQUÉ SABRÁS TÚ!!) o la tan odiada: “Y tú, ¿para cuándo?”. Yo para cuándo, ¿qué?… Madre mía, lo que yo te preguntaría a ti, si no fuera porque podría escocer en lo más profundo de tu ego y yo podría quedar como una auténtica cabrona con piernas (muy largas, por cierto) y parecer, como dicen en mi tierra, una “esaboría” (¡Viva Murcia!). Así que dejémoslo en tablas. ¿Hay trato?

La cosa es que yo pasaba por aquí porque me apetecía hacer como un pseudo propósito de década nueva y hacerlo para todos los públicos y de la mejor forma que sé: por escrito. No soy de hacer propósitos de año nuevo, porque me conozco y no cumpliría muchos de ellos. Además, ¿para qué?, si luego la puta de la vida ya se encarga ella solica de hacer con tus propósitos, expectativas, principios y demás planes lo que quiere. Así que, aquí estoy un año más…¡Sin propósitos y a lo loco! ¡Viva la fiesta! ¡Esto es Jauja! ¡Esto es el coño de la Bernarda! Don’t stop the rythm!

Pero en este caso,  sí voy a marcarme un propósito nada material pero sí emocional: Y es que, desde hace tiempo, me siento un poco Meryl Streep que, además de ser una actriz como la copa de un pino, dice cosas muy interesantes. Hace unos días, creo que incluso meses, concretamente el verano pasado, vi en internet y por casualidad, una foto de esta actriz a la que acompañaba un texto entrecomillado y rubricado por ella. Desconozco si es suyo, de su vecino o de un anónimo que se ha flipado un poco y ha dicho que es de esta mujer cuando no lo es. No lo sé. Lo que sí sé es que me gustó bastante y hoy lo hago mío y suscribo en su totalidad. No es un “aviso a navegantes”, ni un “cuidadito conmigo” ni ninguna absurdez de ese tipo (las indirectas, las chorradas cansalmas y demás mugre, para la adolescencia efervescente llena de paja(s) y acné); yo ya estoy a otra cosa y es más una reflexión que yo tenía y tengo en la cabeza y que se verbaliza con estas palabras:

YA NO TENGO PACIENCIA (Meryl Streep)

“Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza.

Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme.

Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular.  

Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica.

No me ajusto más con la barriada o el chusmerío.

No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible.

En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición.

No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar.

Las exageraciones me aburren.

Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia”.

Y punto. Y…¡Feliz 2015!

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Hedonismo

Según la RAE, el HEDONISMO es la “doctrina que proclama el placer y la supresión del dolor y de las angustias, como fin supremo de la vida.”

Este fin de semana he empezado a leer “El retrato de Dorian Gray”, del genial Oscar Wilde, un libro que contiene unos diálogos brutales, muy interesantes y llenos de contenido y donde se trata el hedonismo como eje de vida y el culto a la belleza y a la juventud como leitmotiv de los individuos. Confieso que aún no lo he terminado, pero no hay momento libre que no coja el libro y me beba las páginas una a una. Me tiene enganchadísima.

De lo que llevo leído, hay una parte que me ha gustado especialmente, un diálogo entre Lord Henry y Dorian Gray, que mantienen ambos en casa del pintor Basil Hallward. Lord Henry se dirige a Dorian Gray y, entre otras cosas, le dice:

“No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares […]
¡Viva! y ¡Viva la vida que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada. Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita […] Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer”.

Y yo, dos siglos después, me reafirmo: EL HEDONISMO ES LO QUE NUESTRO SIGLO NECESITA. Buscar el placer en cada cosa que hagamos y que nos guste, mirar el lado bueno o menos malo de lo que tenemos y nos pasa. Relativizar los problemas. Bastante tenemos con lo que tenemos como para no buscar en aquellas cosas que nos gustan y nos dan placer, esa válvula de escape que nos haga distraernos de las putadas del día a día.

El hedonismo puede ser confundido, criticado y su praxis puede ser mal vista, sin embargo, y como afirma Epicuro: “ningún placer es malo en sí, solo que los medios para buscarlo pueden ser el inconveniente, el riesgo o el error”. Así que no tengamos miedo a equivocarnos, arriesgar y no ganar o arriesgar y ganarlo todo. En eso y en la recompensa que obtenemos está la gracia, supongo.

¡Abandonémonos al placer!

La Familia

En estos últimos días de pifias y confusiones mentales y ganas de tirar la toalla (¿y qué toalla? ¡pues no sé, una! la de natación, por ejemplo…), cuando las aguas y tú volvéis a vuestro cauce y cuando tus “Pepitos Grillo” particulares te dedican su tiempo y te aguantan cuando no hay un Dios que lo haga, te escuchan cuando ni tú misma lo harías, se preocupan por ti y te hacen ver lo que tu te obcecas en no ver, llegas a una conclusión, que yo denominaría la madre de las conclusiones: “La familia es la familia” (como bien diría Don Vito Corleone). Y punto. Y basta.

Dicho esto y haciendo memoria, he encontrado un artículo de prensa escrito por la actriz Cayetana Guillén Cuervo en el periódico ‘El Mundo’ (#PorLaGloriaDePedroJ.!!) que guardé en su día y que, hoy, me viene como anillo al dedo. No le quito ni una sola coma. Es éste:

“ME VAN a permitir un ataque de amor. Una declaración de intenciones que nace de la mismísima experiencia. De una comprobación. Un ramalazo de conservadurismo y orden, que en realidad no es tal, porque ya está bien de esquemas y prejuicios, y que estoy dispuesta a predicar. Hoy, a pocas horas de que vengan Los Reyes Magos, e incluso asumiendo la posibilidad de que no vengan, pondré solo un par de zapatos a los pies de mi árbol de navidad. Y dos palabras. La familia.Esa que vive tan menospreciada, tan fuera de onda, tan cuestionada, tan rota, tan desestructurada, tan fuerte, tan sólida, tan variada. Y los Reyes, que son magos y no padres de carne y hueso, de almas vulnerables, de deseos contradictorios, sabrán llenarlos de comprensión, de solidaridad, de flexibilidad, de infinita paciencia. Y la familia, hoy, será capaz de sujetar un mundo que se descompone, que se cae a trozos sin que nadie, o casi nadie -porque los que lo saben lo callan por y para algo- sepa cómo evitarlo. Las grietas son heridas sangrantes, grabadas para siempre en nuestra memoria. Y esa telaraña de afectos, de besos, de encuentros y desencuentros, intensa a veces, o invasiva, será la única red dispuesta a sujetarnos cuando caigamos desde los edificios más altos. Ese grupo de pertenencia, marco de referencia y de identidad de cada uno, es donde se gesta el verdadero contenido de lo que somos. Y si es cierto que la familia tradicional ha demostrado que sí, que se equivoca, sin duda ha dado suficientes argumentos para exigir un poco de respeto. Hoy, que en todas las casas laten graves problemas para poder continuar, los abuelos, los hermanos, los hijos, se perfilan como la última oportunidad para creer en el ser humano. Porque nadie cumple sus promesas. Ni la Constitución, ni el Poder Judicial, ni los representantes políticos, ni los religiosos, ni Dios, que nunca está. Pero seguro que alguien de tu familia sigue ahí, a los pies de tu cama. O rompe su hucha. O te avala. O se cruza el planeta para oírte llorar. Para abrazarte. Con menos soberbia, consciente de que no es la única forma de convivencia, de estructura, dentro del amor y los distintos vínculos de afinidad y consanguinidad, la familia, la de siempre, la convencional, pisa fuerte, y en silencio, a su ritmo, desde sus rincones, construye, observa, aguanta, defiende, ama. Y siempre gana.

Amén.

Huelga decir que no solo la familia es el epicentro de mi vida, hay un cachico de mi que se lo debo a los amigos. Yo no sería (casi) nada sin ell@s. ¡Gracias, siempre!

La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el gobierno. La amistad vale casi tanto como la familia. (”El Padrino”)

Enfin, basta por hoy. Disculpen la verborrea. Son las 22:40 pm, mi mente va ya al 2% de batería y mi cuerpo serrano es poco menos que un peso muerto. Voy arrastrá como el pecho de una culebra.

Buenas noches.

PD: ¡Perdón y gracias! (a quien corresponda).

La gente que me gusta

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La gente que me gusta ya sabe quién es. La que no me gusta, también. Tanto unos como otros, ya os habréis dado por aludidos. Y esa era y es la idea.

Pero ahora, y de aquí en adelante, solo voy a hablar (o al menos intentarlo) de la gente que me gusta. Es sano para mi cuerpo y para mi mente. La gentuza gente que no me gusta me cuesta trabajo, me provoca mal humor, dolor de mandíbula (cuando estoy tensa y/o cabreada aprieto inconscientemente ambas mandíbulas y eso ¡duele!), me salen arrugas en el entrecejo y se me forma una chepa preciosa en la espalda. Esa gente saca a flote la peor versión de mí misma. Y que me saquen lo peor de mis entrañas y, encima gratis, pues como que no.

”Año nuevo, mentalidad nueva”

¡Que nadie se alarme! No soy antisocial, soy selectiva social que es diferente. ¡Con lo que a mi me gusta una charleta, una conversación o una reunión con mi gente, larga y distendida o profunda y pedante, o sarcástica e hijoputesca…en buena compañía! No hay (casi) nada que compense un ratico de esos…

A lo que iba. Se han acabado ya las fiestas navideñas, ya nos hemos comido todos los turrones, las bolas de coco y las peladillas habidas y por haber, hemos celebrado el nuevo año como se merece y los Reyes han pasado por casa y han dejado lo que han tenido que dejar. Y, como todos los años desde hace 29, he cumplido años. Y, como todos los años desde hace ya unos cuantos, paso el día 2 con morriña mezclada con un ligera resaca que arrastro del día de Año Nuevo. Morriña porque veo que me hago mayor, morriña porque mi abuela siempre me recuerda la hora en la que nací y lo que sufrió (la pobre) hasta que por fin llegué al mundo. Morriña y emoción porque la gente que me quiere se acuerda de mí, año tras año, y son fieles a la cita. Y, por qué no decirlo, los mensajes en redes sociales también alegran un poquico, ya que aunque el chivato de facebook avise de que ”Hoy es el cumpleaños de Laura. 5293798 amigos han escrito en su muro. ¡Felicítala, copón!”, la gente (que me quiere o, cuanto menos, me aprecia) dedica unos minuticos de su tiempo en felicitarte. Podrían no hacerlo, pero en cambio, lo hacen. ¡Gracias, de nuevo!. También lloro el día de mi cumpleaños, cuando mi padre hace referencia a la primera vez que me vio en el hospital y le soltó a la enfermera: ”¿Esta es mi hija? ¡Pero si es muy fea! ¡No la quiero, cámbiamela!” [sic.]. Ya te vale, padre, ¡qué fuerte lo tuyo!… 🙂 🙂

Por todo y por eso y por más cosas que ahora mismo no recuerdo, tengo ganas de decirle algo a toda mi gente, a esas personas que me gustan (a las que veo diariamente, a las que veo con frecuencia, a las que veo de higos a brevas pero que al vernos es como si no hubiera pasado el tiempo y nos ponemos al día en cero coma, a quienes veo menos de lo que quisiéramos ambas partes, a mis compadres, a mis comadres…) y que SÍ me hacen sacar la mejor parte de mí misma. La Laura que mola y que se mola herself, la genuina, la Púa, la Látigo, la Larga, la latiguillo, la Susmozas, la Laura 2, la jirafa, la mochita-melitona, la Puri/Amparo/LoreLoreMacuMacu, la chochoni, la mendruga…

Aquí hago mío este poema de mi escritor y poeta favorito, Mario Benedetti, que suscribo totalmente y que se titula ”LA GENTE QUE ME GUSTA”. Os lo dedico, gentequemegusta:

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.

Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño.

Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.

Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A estos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.

Me gusta la gente que con su energía, contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

La gente que lucha contra adversidades.

Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.

Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como esa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido”.

PD: Si te has dado por aludid@ leyendo el poema y te ves reflejad@ en lo que dice, ¡me alegro!. Así quiero que sea.

He dicho.

¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

“La vida es eso que pasa mientras tú te empeñas en hacer otros planes”

Ya lo decía John Lennon, y no se equivocaba lo más mínimo.

¿En qué momento cambiamos el “yo, de mayor, quiero ser…” a “Soy Laura, de profesión…”?

¡Qué fácil era cuando solo te limitabas a hacer cosas propias de críos y nadie te exigía más que eso! Y cuando tú tampoco aspirabas nada más que a jugar en la calle con tus amigos y con una tiza, una cuerda o un elástico os bastaba y os sobraba para ser felices o cuando marcarte un cine y un McDonald’s con tus compañeros de clase era lo más del momento.

¿Cuándo y por qué ha comenzado la gente a preguntarte por tus padres y su salud, a preguntarte a qué te dedicas y/o a soltarte el tan esperado pero no por ello menos molesto “y tú, ¿para cuándo?” en cualquier boda que se precie? ¿A santo de qué a tu cuerpo y, sobre todo, a tu cabeza la idea de procrear no le parece ya tan lejana?…

¿Por qué, del “señorita Susmozas” ya hemos pasado al “señora Susmozas” y del “tú” al “usted” ha habido un paso? Has dejado el INEM para entrar a formar parte, de un día para otro, del RETA y empiezan a venir esas cartas que, antaño, recibían tus padres pero que ahora son tu nombre y apellidos los que figuran en el apartado del destinatario.

¿Quién ha decidido que el pago de facturas, las visitas a hospitales y tanatorios, los achaques varios, etc. llegaran a tu vida, así, porque sí?

¿Qué ha pasado para que un plan de viernes, tranquilo, en casa y en chandal/ropa cómoda/bata y pijama, no te parezca ya tan decadente y empiece a ser absolutamente genial?

Pensar en tomarte un par de gin tonics te haga salivar como un perra pero un tercer gin tonic (quien dice tres, dice cuatro…o cinco, incluso) te dé acidez solo de pensarlo, pues sabes que ni tú ni tu cuerpo sois los mismos y las resacas tampoco son lo que eran… ¡¡son peores!!

La Navidad ya no es tan idílica cuando empiezas a ver huecos en la mesa en Nochebuena y los Villancicos, en lugar de animarte a cantarlos a viva voz, botella de Anís del Mono en mano, lo que te causan es una profunda melancolía.

Llegan los momentos de desconectar de todos y de todo. Desconectar de ti. Es bueno y necesario, de vez en cuando. Y lo sabes.

Echar de menos lo que empiezas a echar de más.

Ahora los deseos son obligaciones y metas y el término “compromiso” no te suena a cuento chino.

No hay un día, una hora o un momento marcados en el calendario. Simplemente las cosas llegan y llegan. No hay más.

No entiendo muchas de las cosas que están ocurriendo. Algunas las entiendo pero no me gustan. Otras sí. Y con tantas otras hago como que no las entiendo pero, ¡qué coño!, las entiendo perfectamente. O, quizás, quiero creer que no las entiendo pero, en realidad, las entiendo mejor de lo que parecía, y acabo r̶e̶s̶i̶g̶n̶á̶n̶d̶o̶m̶e̶  sucumbiendo a ellas.

Cuanto más difícil y jodida es la realidad, más cosas sigo sin entender. O menos, mejor dicho.

 

“Brindemos que hoy es siempre todavía.” 

TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISM@

“No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie porque fundamentalmente TÚ has hecho tu vida.
Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar, corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte. Enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte: eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso si tú has sido el ignorante, el irresponsable. Tú, únicamente Tú. Nadie pudo haberlo sido por ti.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los audaces.

Imita a los valientes, a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo, y tus problemas sin alimento morirán.

Aprende a nacer del dolor y a ser más grande, que es el más grande de los obstáculos. Mírate en el espejo de ti mismo. Comienza a ser sincero contigo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo, reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte, y dejarás de ser un títere de las circunstancias.

Porque tú mismo eres el destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.”

La autoría de este texto no está muy clara: algunos lo atribuyen a Og Mandino y otros a Pablo Neruda. Con independencia de esto, es un texto muy bueno y con mucha verdad.

No eres tú, es tu ortografía.

Cada vez que alguien comete un asesinato ortográfico, abrazo muy fuerte un diccionario y le susurro que no pasa nada y que se tranquilice, que todo va a salir bien.

Nada habla mejor de una persona que su manera de hablar y su ortografía. Dice mucho, bueno y malo, de quien escribe y/o habla.

Reconozco que me lleva a los demonios y siento ira y frustración ver y leer algo con faltas de ortografía, reconozco sacar el talibán ortográfico que llevo dentro desde siempre. De hecho, puede rozar la obsesión sin llegar a ella (O sí…no lo sé). En redes sociales, whatsapp y demás novedades de la era tecnológica de la que soy tan fan, no contesto cuando veo flagrantes y sangrantes faltas ortográficas y gramaticales. Esto es así. Lo reconozco y no pido perdón por ello. Se ve cada cosa en Facebook, en Twitter, etc., que dan ganas de llorar.

Cuando hablo de ortografía y de escribir bien se me puede tachar (y de hecho, se me tacha) de ser muy radical, de que hay que saber que no todo el mundo ha tenido los recursos necesarios para poder hacerle frente a unos estudios mínimos, y que tal y cual Pascual. Eso es cierto y hay que tenerlo en cuenta. Sin embargo, a esa gente le digo que sí, que están en lo cierto, pero que conozco gente que sin haber podido estudiar, se ha preocupado de formarse, aprender, leer y compatibilizar y, en ocasiones, sacrificar su tiempo libre en beneficio de la cultura. Porque sí, en efecto, escribir bien es sinónimo de cultura. Y hay una cantidad de incult@s por ahí que realmente asusta.

La ortografía no define tu inteligencia, pero da una idea de lo que eres. Personas formadas académicamente, se supone, con estudios y que le dan cada patada a la ortografía y a la gramática bestial. Y lo que es peor: les da igual. Recientemente me ha pasado algo así en una red social: hace unos días, un contacto de una amiga mía contestaba a un comentario que hice a una foto de esta amiga que: “le daba igual que una palabra fuera con B o con V, que eso no era lo importante”. Me quedé con la misma cara que pone un conejo, en mitad de la carretera, cuando le dan las largas. Solté un “¡Peeeero piiiiijo!”, tan típico de mi tierra, que hasta se me resbaló el móvil de las manos.

Si escribes con faltas de ortografía y/o te importa tres cominos escribir bien o mal, ya me estás diciendo el 50% de lo que quería saber de ti.

La ortografía es a la escritura, lo que el photoshop es a las fotos: si se sabe usar, puede hacer ver bonito cualquier cosa.

Otro apunte: la mala ortografía es muy ‘matapasiones’. No es lo mismo “ayer tuve sexo solo dos veces” que “ayer tuve sexo sólo 2 veces”. Entre una oración y la otra, hay 2 eyaculaciones en compañía de diferencia. Del mismo modo que “Te quiero”, no es lo mismo que “Te Kiero”. Si alguien te dice “te kiero”, es mentira, huye y no mires atrás, no te quiere.

Hay una idea que me ronda la cabeza hace ya un tiempo, y es la de regalar diccionarios, libros de lectura, el Micho 1,2 y 3 y cuadernos ‘Rubio’ en cumpleaños, santos, aniversarios, amigos invisibles, en Reyes, Papá Noel y demás celebraciones. ¿Alguien secunda mi propuesta?

cuadernorubio

Antes de que se me olvide, aquí comparto el mensaje que me han hecho llegar dos amigas mías que se sienten solas, maltratadas y desamparadas. Yo lo comparto, por si sirve para algo. ¡Ayudémoslas!:

carta

Y, por último, grabaos a fuego esto:

“LA MALA ORTOGRAFÍA ES UNA GRAVÍSIMA ENFERMEDAD DE TRANSMISIÓN TEXTUAL, ¡PROTÉGETE!”

No lo dice el Ministerio de Educación, ni el de Sanidad. Lo digo yo.

De nada.

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