Archivos Mensuales: septiembre 2014

Leo, leo… ¿qué lees? (VIII)

«Me gustaría saber», se dijo, «qué pasa realmente en un libro cuando está cerrado. Naturalmente, dentro hay sólo letras impre­sas sobre el papel, pero sin embargo… Algo debe de pasar, porque cuando lo abro apa­rece de pronto una historia entera. Dentro hay personas que no conozco todavía, y todas las aventuras, hazañas y peleas posi­bles… y a veces se producen tormentas en el mar o se llega a países o ciudades exóti­cos. Todo eso está en el libro de algún modo. Para vivirlo hay que leerlo, eso está claro. Pero está dentro ya antes. Me gustaría saber de qué modo».

Y de pronto sintió que el momento era casi solemne. Se sentó derecho, cogió el libro, lo abrió por la primera página y comen­zó a leer La Historia Interminable.

(Michael Ende, “La Historia Interminable”)

 

¡Ya he vuelto por estos cibernéticos lares!  Y he de decir dos cosas: qué jodido volver y con menuda mala rima empieza este “Leo, leo… ¿qué lees?”. Pero mala, muy mala… 😉

Retomando esto que es gerundio:

“La detective miope” (Rosa Ribas)

ladetectivemiope_rosaribas

No hay por donde cogerla. No le encuentro el fuste a esta novela. Novela muy breve que sirve de interludio entre una novela anterior y otra posterior más potentes, es algo así como un tentempié, un kitkat, un descansico durante el cual no pienses mucho, no razones ni te canses demasiado. No seré yo quien juzgue si esta novela es o no de género negro (para mí no lo es), pero si así se la considera, a mi juicio, flaco favor le hace al género.

La autora nos presenta  a una detective, Irene, con importantes problemas de visión (la miopía psicosomática que padece va en aumento a pasos agigantados) que tras salir del centro psiquiátrico en el que está internada, decide trabajar de nuevo en “Detectives Marín” y, basándose en la teoría de los seis grados de separación (“«¿Sabes que entre ti y cualquier persona en el mundo hay como mucho seis grados de separación?» ¡Era tan simple y a la vez tan complejo! Noté cómo la idea se abría paso en la masa cerebral traspasándola como una bala), dar con quien asesinó a su marido y a su hija un fatídico 2 de junio. Irene, en su andadura como detective, se encontrará con Una cantante calva, un director de banca que duda del color de su piel, un oculista sin cliente, la princesa de Hawaii y una ordeñadora de arañas, con los que deberá lidiar si quiere finalizar su búsqueda.

No sé, Rosa Ribas, me pareció flojito, flojito. Se conoce que me van los libros con más enjundia, con más chicha e intensidad. Éste en concreto me supo a poco.

 

“Un millón de gotas” (Víctor del Árbol)

Un millón de gotas - Víctor del Árbol

Como ya dije a propósito de otro de sus libros, “La tristeza del Samurái”, este escritor ha sido un gran descubrimiento. Y te doy las gracias, Víctor. Ole tú.

Con este libro me ha pasado como con el otro: me ha enganchado sin igual.

Vuelve a presentarnos un amplio abanico de personajes, cada uno con sus virtudes y defectos, sus miserias y glorias, perfectamente descritos y con un rol muy bien definido.

Muertos, sufrimiento, confabulaciones y luchas por el poder en varios escenarios históricos: desde la España de la posguerra hasta comienzos del siglo XXI pasando por la URSS de los gulags y la Europa del este y sus miserias más absolutas. Mezcla de novela bélica/histórica con alta carga emocional.

“La Matrioshka es un juego de apariencias donde sólo existe una verdad, y en contra de esa apariencia, la verdad y sus reflejos son idénticos, pero eso no significa quebsean la misma cosa. Los ojos creen lo que ven, la primera muñeca. Si se tiene paciencia se accede a la segunda, un poco más pequeña, pero idéntica, y así paulatinamente, tres, cuatro muñecas más van apareciendo. Cuanto más pequeñas, más ocultas y más ciertas. Hasta llegar a la última, apenas del tamaño del dedo índice. Esa miniatura, trabajosamente pintada hasta en el más mínimo detalle para asemejarse a la mayor, es el embrión, la razón única de ese juego de apariencias. Es en ese núcleo donde nace todo, donde el artesano pone todo su empeño y su intención. Y sólo cuando todas están abiertas, alineadas por tamaños, se descubre que lo idéntico es diferente, un mero camino para llegar a ese secreto último.”

Si de ponerle un “pero” se trata, podría apuntar que, de las seiscientas y pico páginas, le sobran unas pocas. En ocasiones encontré demasiadas descripciones de paisajes, situaciones y/o acontecimientos que me resultaron prescindibles, pero que al final entendí que eran necesarias para el global de la historia.

“El pueblo es un eufemismo, Gil, no existe tal cosa. Es pueblo cuando conviene a nuestros intereses, y deja de serlo cuando no lo hace. La demagogia, amigo mío, no es algo que deba despreciarse.”

“Nadie puede imaginar hasta qué punto llega a ser retorcido el ser humano cuando se le otorga el papel de verdugo, qué grado de sadismo y placer encuentra en el martirio de sus víctimas. Su orgullo de poder, su grito salvaje. Yo he descubierto cada partícula de esa enfermedad que convierte a los hombres en monstruos. Pero no me ahorcaron. Salí con vida, si la vida es respirar… Y tú me has encontrado para juzgarme y tratarme con la misericordia hipócrita del vencedor, ¿no es cierto?”

Mientras leía esta novela, una palabra me venía constantemente a la cabeza: INTENSIDAD. No encuentro un adjetivo más idóneo que ese para describir esta obra. Es tan intensa, te mete tantísimo en el argumento y empatizas tanto con los personajes que no te deja indiferente.

“Para el mundo seremos olvido. Una gota entre un millón de gotas, nos fundiremos en esa inmensidad llamada humanidad. Porque eso, ahora lo entiendo, es lo que siempre fuimos. No héroes, no villanos. Sólo hombres y mujeres. Y vivimos. Bien sabe Dios que vivimos donde muchos perecieron.”

Decir Víctor del Árbol es decir bien, es apostar a caballo ganador.

 

“La rubia de ojos negros” (Benjamin Black)

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John Banville o su alter ego, Benjamin Black, es el autor de esta obra y el próximo premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.

No había leído nada de este autor hasta ahora. Sí, efectivamente, hasta que no saltó la noticia de su premio Príncipe de Asturias no supe nada de él.

Y, bueno, no está mal. Muy buena calidad literaria. Breve y para pasar el rato, sin complicarte la vida mentalmente hablando, está más que aceptable.

El autor ambienta la novela en los años cincuenta, donde un detective, Philip Marlowe, en sus horas más bajas, recibe el encargo de Clare Cavendish, una afamada heredera de una importante empresa de perfumes, para que se encargue de buscar a su amante, Nico Peterson, al que se le da por muerto pero al que ella cree haber visto con vida. Philp acepta el caso y como consecuencia, se verá inmerso en líos de faldas, corrupción, tejemanejes familiares que no le harán más que darse cuenta lo lejos que el ser humano está dispuesto a llegar con tal de salvaguardar uno de los bienes más preciados: el dinero.

«Hay pocos autores capaces de escribir con elegancia sobre asesinatos; Benjamin Black es uno de ellos.» (Muriel Dobbin, The Washington Times)

«Un pulso narrativo sin igual en la literatura de detectives… Black ha vuelto a elevar a categoría de clásico una aventura detectivesca.» (Laura Fernández, El Mundo)

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Y, para acabar y si me permite mi público, quería agradecer a dos amigas mías, ¡qué digo amigas…hermanas!, mis hermanas que no son de sangre pero como si lo fueran, sus palabras de ánimo para que continúe con este hobby y las cosas tan positivas que me dicen al leer las cosillas que escribo por aquí. Y como sé que a veces usan mis reseñas para decidir qué libro leer en cada momento, deciros a las dos que espero os sirvan y no os defrauden. Como siempre digo, no me gustan los halagos gratuitos pero siempre agradezco la crítica inteligente y constructiva. Así pues, públicamente deciros: ¡Gracias!

Os como. A las dos.

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