Archivos Mensuales: febrero 2014

Hedonismo

Según la RAE, el HEDONISMO es la “doctrina que proclama el placer y la supresión del dolor y de las angustias, como fin supremo de la vida.”

Este fin de semana he empezado a leer “El retrato de Dorian Gray”, del genial Oscar Wilde, un libro que contiene unos diálogos brutales, muy interesantes y llenos de contenido y donde se trata el hedonismo como eje de vida y el culto a la belleza y a la juventud como leitmotiv de los individuos. Confieso que aún no lo he terminado, pero no hay momento libre que no coja el libro y me beba las páginas una a una. Me tiene enganchadísima.

De lo que llevo leído, hay una parte que me ha gustado especialmente, un diálogo entre Lord Henry y Dorian Gray, que mantienen ambos en casa del pintor Basil Hallward. Lord Henry se dirige a Dorian Gray y, entre otras cosas, le dice:

“No despilfarre el oro de sus días escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares […]
¡Viva! y ¡Viva la vida que le pertenece! No deje que nada se pierda. Esté siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada. Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita […] Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer”.

Y yo, dos siglos después, me reafirmo: EL HEDONISMO ES LO QUE NUESTRO SIGLO NECESITA. Buscar el placer en cada cosa que hagamos y que nos guste, mirar el lado bueno o menos malo de lo que tenemos y nos pasa. Relativizar los problemas. Bastante tenemos con lo que tenemos como para no buscar en aquellas cosas que nos gustan y nos dan placer, esa válvula de escape que nos haga distraernos de las putadas del día a día.

El hedonismo puede ser confundido, criticado y su praxis puede ser mal vista, sin embargo, y como afirma Epicuro: “ningún placer es malo en sí, solo que los medios para buscarlo pueden ser el inconveniente, el riesgo o el error”. Así que no tengamos miedo a equivocarnos, arriesgar y no ganar o arriesgar y ganarlo todo. En eso y en la recompensa que obtenemos está la gracia, supongo.

¡Abandonémonos al placer!

La Familia

En estos últimos días de pifias y confusiones mentales y ganas de tirar la toalla (¿y qué toalla? ¡pues no sé, una! la de natación, por ejemplo…), cuando las aguas y tú volvéis a vuestro cauce y cuando tus “Pepitos Grillo” particulares te dedican su tiempo y te aguantan cuando no hay un Dios que lo haga, te escuchan cuando ni tú misma lo harías, se preocupan por ti y te hacen ver lo que tu te obcecas en no ver, llegas a una conclusión, que yo denominaría la madre de las conclusiones: “La familia es la familia” (como bien diría Don Vito Corleone). Y punto. Y basta.

Dicho esto y haciendo memoria, he encontrado un artículo de prensa escrito por la actriz Cayetana Guillén Cuervo en el periódico ‘El Mundo’ (#PorLaGloriaDePedroJ.!!) que guardé en su día y que, hoy, me viene como anillo al dedo. No le quito ni una sola coma. Es éste:

“ME VAN a permitir un ataque de amor. Una declaración de intenciones que nace de la mismísima experiencia. De una comprobación. Un ramalazo de conservadurismo y orden, que en realidad no es tal, porque ya está bien de esquemas y prejuicios, y que estoy dispuesta a predicar. Hoy, a pocas horas de que vengan Los Reyes Magos, e incluso asumiendo la posibilidad de que no vengan, pondré solo un par de zapatos a los pies de mi árbol de navidad. Y dos palabras. La familia.Esa que vive tan menospreciada, tan fuera de onda, tan cuestionada, tan rota, tan desestructurada, tan fuerte, tan sólida, tan variada. Y los Reyes, que son magos y no padres de carne y hueso, de almas vulnerables, de deseos contradictorios, sabrán llenarlos de comprensión, de solidaridad, de flexibilidad, de infinita paciencia. Y la familia, hoy, será capaz de sujetar un mundo que se descompone, que se cae a trozos sin que nadie, o casi nadie -porque los que lo saben lo callan por y para algo- sepa cómo evitarlo. Las grietas son heridas sangrantes, grabadas para siempre en nuestra memoria. Y esa telaraña de afectos, de besos, de encuentros y desencuentros, intensa a veces, o invasiva, será la única red dispuesta a sujetarnos cuando caigamos desde los edificios más altos. Ese grupo de pertenencia, marco de referencia y de identidad de cada uno, es donde se gesta el verdadero contenido de lo que somos. Y si es cierto que la familia tradicional ha demostrado que sí, que se equivoca, sin duda ha dado suficientes argumentos para exigir un poco de respeto. Hoy, que en todas las casas laten graves problemas para poder continuar, los abuelos, los hermanos, los hijos, se perfilan como la última oportunidad para creer en el ser humano. Porque nadie cumple sus promesas. Ni la Constitución, ni el Poder Judicial, ni los representantes políticos, ni los religiosos, ni Dios, que nunca está. Pero seguro que alguien de tu familia sigue ahí, a los pies de tu cama. O rompe su hucha. O te avala. O se cruza el planeta para oírte llorar. Para abrazarte. Con menos soberbia, consciente de que no es la única forma de convivencia, de estructura, dentro del amor y los distintos vínculos de afinidad y consanguinidad, la familia, la de siempre, la convencional, pisa fuerte, y en silencio, a su ritmo, desde sus rincones, construye, observa, aguanta, defiende, ama. Y siempre gana.

Amén.

Huelga decir que no solo la familia es el epicentro de mi vida, hay un cachico de mi que se lo debo a los amigos. Yo no sería (casi) nada sin ell@s. ¡Gracias, siempre!

La amistad lo es todo. La amistad vale más que el talento. Vale más que el gobierno. La amistad vale casi tanto como la familia. (”El Padrino”)

Enfin, basta por hoy. Disculpen la verborrea. Son las 22:40 pm, mi mente va ya al 2% de batería y mi cuerpo serrano es poco menos que un peso muerto. Voy arrastrá como el pecho de una culebra.

Buenas noches.

PD: ¡Perdón y gracias! (a quien corresponda).

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