Archivos Mensuales: diciembre 2013

¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?

“La vida es eso que pasa mientras tú te empeñas en hacer otros planes”

Ya lo decía John Lennon, y no se equivocaba lo más mínimo.

¿En qué momento cambiamos el “yo, de mayor, quiero ser…” a “Soy Laura, de profesión…”?

¡Qué fácil era cuando solo te limitabas a hacer cosas propias de críos y nadie te exigía más que eso! Y cuando tú tampoco aspirabas nada más que a jugar en la calle con tus amigos y con una tiza, una cuerda o un elástico os bastaba y os sobraba para ser felices o cuando marcarte un cine y un McDonald’s con tus compañeros de clase era lo más del momento.

¿Cuándo y por qué ha comenzado la gente a preguntarte por tus padres y su salud, a preguntarte a qué te dedicas y/o a soltarte el tan esperado pero no por ello menos molesto “y tú, ¿para cuándo?” en cualquier boda que se precie? ¿A santo de qué a tu cuerpo y, sobre todo, a tu cabeza la idea de procrear no le parece ya tan lejana?…

¿Por qué, del “señorita Susmozas” ya hemos pasado al “señora Susmozas” y del “tú” al “usted” ha habido un paso? Has dejado el INEM para entrar a formar parte, de un día para otro, del RETA y empiezan a venir esas cartas que, antaño, recibían tus padres pero que ahora son tu nombre y apellidos los que figuran en el apartado del destinatario.

¿Quién ha decidido que el pago de facturas, las visitas a hospitales y tanatorios, los achaques varios, etc. llegaran a tu vida, así, porque sí?

¿Qué ha pasado para que un plan de viernes, tranquilo, en casa y en chandal/ropa cómoda/bata y pijama, no te parezca ya tan decadente y empiece a ser absolutamente genial?

Pensar en tomarte un par de gin tonics te haga salivar como un perra pero un tercer gin tonic (quien dice tres, dice cuatro…o cinco, incluso) te dé acidez solo de pensarlo, pues sabes que ni tú ni tu cuerpo sois los mismos y las resacas tampoco son lo que eran… ¡¡son peores!!

La Navidad ya no es tan idílica cuando empiezas a ver huecos en la mesa en Nochebuena y los Villancicos, en lugar de animarte a cantarlos a viva voz, botella de Anís del Mono en mano, lo que te causan es una profunda melancolía.

Llegan los momentos de desconectar de todos y de todo. Desconectar de ti. Es bueno y necesario, de vez en cuando. Y lo sabes.

Echar de menos lo que empiezas a echar de más.

Ahora los deseos son obligaciones y metas y el término “compromiso” no te suena a cuento chino.

No hay un día, una hora o un momento marcados en el calendario. Simplemente las cosas llegan y llegan. No hay más.

No entiendo muchas de las cosas que están ocurriendo. Algunas las entiendo pero no me gustan. Otras sí. Y con tantas otras hago como que no las entiendo pero, ¡qué coño!, las entiendo perfectamente. O, quizás, quiero creer que no las entiendo pero, en realidad, las entiendo mejor de lo que parecía, y acabo r̶e̶s̶i̶g̶n̶á̶n̶d̶o̶m̶e̶  sucumbiendo a ellas.

Cuanto más difícil y jodida es la realidad, más cosas sigo sin entender. O menos, mejor dicho.

 

“Brindemos que hoy es siempre todavía.” 

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